Esunmomento.es - Artículos sobre Literatura, Historia, Pensamiento, Arte, Pedagogía, Ciencia,...

esunmomento.es

Estás en... M.R.

Memoria recobrada (1931-1939) XXXVIII

 

Continuación de las entregas XXXII, XXXIII, XXXIV, XXXV, XXXVI y XXXVII

 

 

La sublevación en la Base Naval de Cartagena

y la huida de la Flota a Bizerta

 

I

(En este artículo únicamente se trata la sublevación en la Base Naval, sin apenas referencias a la situación de la ciudad de Cartagena ni su ámbito civil o militar por no tratarse exclusivamente de una lucha entre facciones del Frente Popular como sucederá en Madrid.)

 

El capitán de navío-almirante Miguel Buiza y Fernández Palacios, Jefe de la Base Naval de Cartagena, el 10 de febrero de 1939 había expuesto a su Estado Mayor y a los comandantes de los buques surtos en el puerto, reunidos a bordo del crucero Miguel de Cervantes, buque insignia de la Flota, la gravedad de la situación, que evaluaba irreversible, y su deseo de poner fin a la contienda entablando negociaciones de paz con los futuros vencedores. Opinión mantenida ante Juan Negrín, presidente del Gobierno del quebrado Frente Popular, al día siguiente, 11 de febrero, sesión con altos mandos militares y dirigentes civiles recogida entre otros por Julián Zugazagoitia (Guerra y vicisitudes de los españoles), en la que dijo Buiza: "No se puede resistir por sistema, prolongando innecesariamente un sacrificio estéril"; añadió Buiza a la pregunta de Negrín de si ese criterio era personal: "De la Escuadra en pleno".

    El día 17, tras la reunión de Los Llanos, ampliamente referida en anteriores capítulos de esta crónica, Negrín envió a Cartagena a los ministros socialistas de su confianza Ramón González Peña y Tomás Bilbao, y al anarquista Segundo Blanco, para corroborar "el ambiente de descomposición y derrota" (en Guerra y revolución en España, obra coral de carácter comunista en la que consta como autora Dolores Ibárruri y su equipo).

    Bruno Alonso, comisario político de la Flota, pretendió contrarrestar la deriva en la Base Naval y la ciudad toda con un acto propagandístico el 27 de febrero, que no surtió efecto alguno.

    La idea, u obsesión, generalizada era la de abandonar Cartagena por el medio que fuera; de tal manera que la consecución de un salvoconducto llegó a ser prioritaria. El historiador Ricardo Cerezo (Armada española siglo XX), indica que Vicente Ramírez y José Semitiel organizaron "una oficina de expedición de pasaportes, visados por el cónsul francés, para proveer de documentación legal a quienes quisieran abandonar España". Zugazagoitia escribe: "El miedo colectivo agarrotaba todas las voluntades y las destruía. Sólo se consideraban seguros los que disponían de un pasaporte visado". En Guerra y revolución en España se cuenta que: "La tendencia a la huida era fortísima, no sólo en los mandos y comisarios, que abiertamente planteaban en reuniones diarias a las tripulaciones que la guerra estaba perdida y el Gobierno no existía legalmente, siendo preciso marcharse para obligar al Gobierno a concertar la paz fulminante, sino también en parte de la tripulación, desmoralizada y descompuesta por los bombardeos".

 

El día 3 de marzo se trasladó a Cartagena el ministro de la Gobernación, Paulino Gómez, adicto a Negrín, intentando detener el golpe emprendido en la Base Naval con la Flota allí fondeada.

    Este día, el jefe de la Flota Buiza se puso en contacto con el general Matallana para coordinar las acciones en Valencia y Cartagena. Al día siguiente un comunicado de los conjurados para dar el golpe exigía a Negrín que negociara la paz o con el apoyo de la Flota sería destituido.   

 

El sábado 4 de marzo es la fecha elegida para dar el golpe simultáneamente en Madrid y en Cartagena, los principales polos de la rebelión contra el Gobierno Negrín y los comunistas. Según Zugazagoitia: "El movimiento correspondía iniciarlo a la Escuadra", y que "Los militares debían apoderarse de la autoridad, destituyendo al Gobierno".

    Juan Modesto (Soy del Quinto Regimiento) indica que: "El día 2 [de marzo de 1939] supo el Gobierno que Buiza había anunciado a los mandos de la Marina un inminente golpe de Estado contra el Gobierno Negrín; que se formaría una Junta Nacional de Defensa en la que estarían representados el Ejército, los partidos políticos y los sindicatos. La Flota se pondría a las órdenes de la Junta Nacional de Defensa".  Esta versión la corrobora el PCE en el libro Guerra y revolución en España: "Altos mandos militares y organizaciones políticas estaban preparando un Consejo Nacional de Defensa para sustituir al Gobierno Negrín".

    Aún se desconocía en la Base si la conspiración la dirigiría el general Bernal, su jefe, o bien el de la Flota, el almirante Buiza. Pero lo que se sabían era que estaban organizándola el jefe de Estado Mayor Mixto, Vicente Ramírez, el jefe del Arsenal coronel Morell y el de los servicios civiles Semitiel, todos ellos antinegrinistas y anticomunistas envueltos en la consigna: ¡Por España y por la paz!

 

II

Francisco Galán fue nombrado urgentemente por Negrín, en contra de la opinión del Subsecretario de Marina, Antonio Ruiz, para sustituir al general Bernal al mando de la Base Naval de Cartagena. Corría el día 4 de marzo y en la Base, conocida la noticia, se reunieron el citado Bernal, Miguel Buiza, Vicente Ramírez, Norberto Morell y el comisario político Bruno Alonso; personajes expuestos a contradicciones. Según Luis Romero (El final de la guerra), la disparidad de criterios en la base, y por ende en la plaza cartagenera, oscilaba entre quienes buscaban impedir la toma de la Base por un comunista como Galán, los que además deseaban rebelarse contra Negrín y los que, en conjunto, pretendían entregarla al Ejército Nacional.

    Del general Matallana se recibe una respuesta ambigua al ultimátum enviado a Negrín; dijo Matallana que tras comprobar la división en el Ejército, en favor y en contra del golpe, obraran en la Base con libertad de criterio en la actuación. Zugazagoitia escribe al respecto de las palabras de Matallana: " Encontrándonos [Matallana y los conjurados] desasistidos por una parte del Ejército y habiendo surgido algunas dificultades, queda sin efecto el acuerdo de oponerse a Negrín, siendo en consecuencia relevada la Flota del compromiso contraído, pero disponiendo de libertad para proceder con arreglo a su criterio".

    Sin embargo, el curso de los acontecimientos, como bien señala José Manuel Martínez Bande, en nada se asemejó con este comunicado, pues lo acordado previamente siguió adelante.

    Temeroso de impedir la sublevación, Negrín había ordenado a última hora del día 3 la movilización de las Brigadas de la División n.º 10 acantonadas en Archena, provincia de Murcia, de sesgo comunista, una de las cuales debía estar a plena e inmediata disposición de Francisco Galán en cuanto este tomara posesión del cargo. Negrín considera vital retener la Base y la Flota, y para ello concede plenos poderes a Galán en la negociación con sus adversarios, detractores e insubordinados; le dijo a Galán: "Negocie, negocie y negocie. Nos queda poca retaguardia y la Flota Republicana nos es indispensable"; recogido por José Manuel Martínez Bande de la entrevista que realiza Vicente Talón a Francisco Galán, publicada en el diario Pueblo el 28 de octubre de 1971.

    Antes de que llegara Galán a la Base lo hizo , también por encargo de Negrín, el comisario general Bibiano Fernández Osorio-Tafall, obteniendo de su reunión con los presentes el mismo resultado negativo y la misma sensación negativa que Paulino Gómez la víspera.

 

El coronel Galán llegó a la Base Naval y recibió del general Bernal, sin el menor amago de oposición, el mando. El que parecía jefe de la sublevación, el general Bernal, no dudó en resignar el mando una vez comprobado que tropas veteranas de infantería y blindados se dirigían a Cartagena para sofocarla. De igual manera, al menos en apariencia, obraron Ramírez, Morell y Semitiel; pero el avisado Galán no se fio de ninguno.

    A partir de ahora se confunde la situación en la Base con la del Parque artillero, las baterías de costa y antiaéreos y el elemento militar y civil de la plaza cartagenera, deseoso de cambiar de bando. Reiteramos nuestro propósito de obviar los sucesos, muchos y variados, que acaecieron ese y los siguientes días, en los que Galán fue detenido, Artemio Precioso y su Brigada CCVI, comunista, neutralizados, y Cartagena tomada por la facción nacional que emergía de la clandestinidad y la cárcel.

    Ignacio Iglesias escribe en La fase final de la guerra civil en España: "En este maremágnum algunos anticomunistas terminarán por unir su suerte a la del comunista Galán; otros, republicanos y demócratas, tal vez inconscientemente empujados por los acontecimientos que no dominaban, acaban por juntar la suya a la de los monárquicos y falangistas. Hay asimismo algunos fatalistas, como el general Bernal, para los cuales la guerra estaba perdida y lo que podía suceder carecía ya de importancia. Y aún habría que mencionar a los eternos indecisos, de los que resulta el ejemplo más elocuente el almirante Buiza, jefe de la Flota anclada en Cartagena que había manifestado abierta e irrenunciablemente su propósito de pronunciarse contra el gobierno Negrín y salir a la mar para refugiarse en un puerto extranjero neutral como el de Bizerta en Argelia. Pero los oficiales de la Base Fernando Oliva y Arturo Espá abogaron por izar en los barcos la bandera rojigualda. Las noticias que iban llegando de Madrid contrarrestaban la ofensiva de Negrín con Galán para sustituir los mandos de la Base y evitar el internamiento de la Flota en un puerto extranjero, anulando así una vía de escape para los gubernamentales.

    Ante tal estado de cosas, no puede sorprender que el común denominador sea la confusión, acrecentada por los sucesos que a partir de la noche del 4 de marzo se interfieren y atropellan a un ritmo vertiginoso. Los actores parecen guiarse más por el temor que por la audacia".

    Reunidos en el crucero Miguel de Cervantes se hallaban a finales del día 4 e inicios del 5, Miguel Buiza y Bruno Alonso; es aquí donde conocen por un marinero la situación de la Base y la plaza; y es desde aquí, antes de dirigirse a la Base, donde Buiza ordena la liberación de Galán al responsable del Parque, Fernando Oliva, y se puso al habla con él acordando que Galán entregara el mando de la Base que le había concedido Negrín para dárselo al subsecretario de Marina, capitán de navío Antonio Ruiz. Negrín acepta pues no le queda otra viendo perdida Cartagena y desaparecida la Flota.

    Galán, no obstante su renuncia y aliento negociador, se mantiene a la expectativa en un segundo plano inadvertido, mientras el elemento comunista, consciente de la proximidad de unidades militares preparadas para acceder a la plaza y la Base, combate en las calles de Cartagena contra todos los que se han alzado.

    Uno de los motivos de Miguel Buiza para alejar la Flota de Cartagena era el miedo a los bombardeos nacionales -la Fuerza Aérea Nacional dominaba el aire-, como el del día 5, precisamente, en la vorágine de choques armados e indecisiones y cambios de postura; éste sirvió de excusa a Buiza para acelerar su plan de huida, ignorante de la verdadera situación de Cartagena en ese momento.

    Así lo describe Luis Romero en su citada obra: "Sobre cuanto aconteció en la madrugada del 5 de marzo, en que todo son acuerdos y desacuerdos, idas y venidas, amenazas y discusiones, en aquella noche delirante en que nadie sabe qué terreno pisa ni lo que los demás piensan o se proponen, si es que alguien es consciente de sus propios propósitos, y en que resulta imposible dilucidar de dónde y de quién proviene la amenaza, quién cumplirá su palabra y quién no, y en qué consiste la palabra empeñada, existen diversos testimonios publicados en los que se dan diferentes versiones. Los mejores testimonios los he recogido de manera oral y recorriendo a la lectura de declaraciones, informes y otros documentos que fueron redactados con diferentes fines en épocas próximas a los sucesos. Las variantes se refieren principalmente al orden en que se suceden los acontecimientos, a si estuvo presente tal o cual persona y la importancia que cada cual otorga al papel que representó, sin olvidar que, cuando se trata de informes o declaraciones, debe ser tenida en cuenta la finalidad con que fueron redactados".

    Hacia el mediodía el almirante Buiza da orden de partida a la Flota. A bordo del buque insignia, crucero Miguel de Cervantes, figuran junto a Buiza, Ramírez, Morell, Semitiel, Ruiz y Galán. Los buques que salen a la mar son: los cruceros Miguel de Cervantes, Libertad y Méndez Núñez; los destructores Ulloa, Escaño,  Gravina, Almirante Antequera, Almirante Miranda, Almirante Valdés, Lepanto y Jorge Juan; y el submarino C-4. Quedan en la Base Naval de Cartagena los destructores Sánchez Barcáiztegui, Alcalá Galiano, Churruca, Alsedo, Lizaga y el submarino C-2; todos ellos con averías. Desde Portman salieron las lanchas rápidas y otras barcas menores desde el mismo puerto de Cartagena, explica Ricardo Cerezo en su obra Armada Española siglo XX, tomo IV.

    Pero recién inaugurado el día 6, desde la estación radiofónica de Cabo de Palos se envía un mensaje a la Flota dando cuenta de la situación normalizada a favor de la República en Cartagena y la Base Naval, y ordenando la vuelta de la misma. Buiza atiende la orden y se dispone a maniobrar de regreso cuando sobre las siete de la mañana llega a los barcos la alocución del coronel Segismundo Casado en Madrid informando de la constitución de un Consejo Nacional de Defensa que excluye a los comunistas y por ende al gobierno Negrín y su presidente; y por si no fuera suficiente este impacto, también desde Cartagena se escucha el anuncio de alguna emisora en favor del bando nacional, con lo que se adivina que no todo está controlado como expresa la estación de Cabo de Palos. El radio que recibe Buiza, que ya estaba decantado por la sublevación como es bien sabido, a las siete horas cinco minutos comunica: "De orden del presidente del Consejo, Casado, manténgase en la mar hasta nueva orden. Confíe en esto que va en marcha. No entrar en Cartagena de ningún modo hasta nuevo aviso".

    Resume José Manuel Martínez Bande que a las siete horas veinte minutos del 6 de marzo, "tras discusiones agrias de algunos barcos a otros e incluso mutuas amenazas entre partidarios de las distintas soluciones, todos los buques emprenderán rumbo a Argel, que luego se cambiará por rumbo a Bizerta, al haberlo dispuesto así las autoridades francesas".

    Al día siguiente entrará en el puerto argelino de Bizerta la Flota al completo.

    El 8 de marzo el almirante Buiza, responsable del internamiento bajo permiso y supervisión francesa, firmaba las condiciones (recogidas por Ricardo de la Cierva): "Ningún sabotaje. Mantenimiento de los buques. Entrega de armas particulares. Municiones en pañoles cerrados. Desmontaje de los mecanismos de fuego". Cada comandante de buque firmo su correspondiente ejemplar de las mismas.

 

III

La sublevada Base Naval de Cartagena cae en poder de las fuerzas comunistas de la Brigada CCVI la tarde del 7 de marzo; previamente lo han sido el Parque de Artillería y la plaza cartagenera con los mandos sublevados vivos, el general Barrionuevo y el comandante Lombardero. Son detenidos en la Base los cabecillas Fernando Oliva, capitán de navío, Arturo Espá, teniente coronel, y Calixto Molina, sargento.

 

Reconocido por el Gobierno francés el derecho del Gobierno español a todos los bienes del que fuera de la República del Frente Popular , el 29 de marzo, tres días antes del final de la guerra, el contraalmirante Francisco Moreno llegó a Bizerta procedente de Palma de Mallorca para hacerse cargo de la Flota; lo que tuvo lugar el 2 de abril, dirigiéndola a puertos españoles.

 

     

 

Fuentes

Ricardo de la Cierva y Hoces, La victoria y el caos. Ed. Fénix

José Manuel Martínez Bande, La lucha por la victoria. Vol. II. Monografías de la Guerra de España n.º 18. Servicio Histórico Militar. El final de la Guerra Civil. Monografías de la Guerra de España n.º 17. Servicio Histórico Militar.

Luis Suárez Fernández, Franco. Crónica de un tiempo. Tomo. I. Ed. Actas

Pío Moa Rodríguez, Los mitos de la guerra civil. Ed. La esfera de los libros.

César Vidal Manzanares, La guerra que ganó Franco. Ed. Planeta.