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Memoria recobrada (1931-1939) V

 

Recordemos aquello que fue y por qué sucedió. Esta entrega recoge la matanza de civiles en la ciudad de Castellón por parte de los frentepopulistas en retirada; una descripción de lo acaecido en la localidad pacense de Castilblanco, la nochevieja de 1931; una semblanza de la dirección y actividad del Servicio de Investigación Militar (SIM); y una conversación entre José Antonio Primo de Rivera y el escritor, y entonces cronista parlamentario, Josep Pla en la tertulia del diario El Sol.  

 

Noche de venganza en Castellón

Hubo dura lucha en las calles de Castellón. La existencia de focos de resistencia marxista determinó las distintas vicisitudes pasadas por la capital desde el primer asalto nacional en la tarde del día 13 (de junio de 1938), hasta su definitiva pacificación en las últimas horas de la jornada siguiente.

    A las siete y media de la tarde (del 13) alcanzaban las primeras casas de la ciudad (Castellón), siendo recibidos por la población civil con grande entusiasmo.

    Se produjo entonces en el interior de la población un movimiento de tropa marxista que había de alterar durante todo el día siguiente la tranquilidad de la ocupación. Por la carretera de Benicasim presionaba el grueso de la 83 División, y la fuerza roja que resistía a la entrada de Castellón, hacia el paso a nivel, realizó un repliegue sobre el casco urbano, reocupando los barrios Noroeste y Oeste, desconociendo que por la zona de El Grao había ya entrado fuerzas nacionales.

    En medio del casi vacío momentáneo, de la confusión general y de la retirada de al menos buena parte de los soldados del Ejército Popular (día 13 de junio de 1938, al atardecer), las gentes han salido a la calle a esperar a las tropas amigas, llenando los balcones con colgaduras. Seguramente llegan hasta ellas (las calles) algunos destacamentos de la 83 División; son las siete y media de la tarde y la población los recibe con el máximo entusiasmo, que se correrá hacia otros barrios de la ciudad. Y es entonces cuando se producirá la tragedia.

    Los marxistas que se replegaban ocuparon los barrios Noroeste y Oeste, generalizándose una lucha entre calles de la que fue principal víctima la gente pacífica e indefensa.

    La emoción de sentirse liberados había lanzado a gran parte de los habitantes a manifestaciones de entusiasmo en el preciso momento en que en su repliegue los marxistas llegaron a la ciudad. Cuando el tiroteo se generalizó en las calles, la población civil se refugió en los subterráneos abiertos para la protección contra bombardeos, dejando muchos balcones y casas adornados con la bandera nacional. Esto enardeció el odio de la desesperación marxista y como venganza contra los indefensos ciudadanos, las hordas en derrota cometieron en esa noche del trece al catorce de junio toda clase de asesinatos y violencias: lanzaban granadas contra los refugios, sacaron de ellos más de doscientas cincuenta personas y las fusilaron en las tapias de la Casa de Beneficencia, saquearon y desvalijaron las viviendas.

    Pero de poco les sirvió tal violencia. A la noche (del 14) quedó totalmente pacificado el casco urbano. El día 15 a las nueve de la mañana el grueso de las fuerzas del Cuerpo de Ejército de Galicia entraba en Castellón y desfilaba ante su jefe el general Aranda. La población civil, después de tan recios sobresaltos, parecía despertar de un largo sueño. El espectáculo era el de todas las grandes poblaciones liberadas a lo largo de la guerra: suciedad, hambre y entusiasmo indescriptible. La multitud vitoreaba a los soldados. Los camiones de la propaganda nacional hacían sonar los himnos en sus altavoces. Llegaban los transportes del Auxilio Social. Las mujeres llevaban a los niños nacidos durante el periodo rojo para que los bautizasen los capellanes que entraban con la tropa.

(Luis María de Lojendio, Operaciones militares de la Guerra de España, pp. 516 a 518. José Manuel Martínez Bande, Monografías de la Guerra de España: n.º 12. Servicio Histórico Militar, pp. 132 a 133. José Antonio Vaca de Osma, La larga guerra de Francisco Franco, p.312, Ed. Rialp.)

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Los sucesos de Castilblanco

La Guardia Civil, en la difícil y sacrificada tarea de hacer respetar las leyes sin el apoyo del Gobierno, se descubre como el más serio obstáculo para la violencia marxista y se convierte en el principal objetivo de odio de dirigentes y masas extremistas.

    La angustia social se cernía en el campo. La situación en éste oscilaba entre la usura, el absentismo, las siempre adversas condiciones meteorológicas y la miseria general, más proclives las desgracias en las zonas meridionales y extremeñas de España. Escribió Gil Robles: "Todo ello creaba un problema pavoroso, que ni preocupaba a los Gobiernos ni interesa al capitalismo industrial."

        No era sólo Gil Robles quien opinaba así. En la sesión de las Cortes del 15 de septiembre (de 1931), Indalecio Prieto hablaba de "la angustia inmensa, del espectáculo terrible de cientos de miles de hombres" que estaban parados en Andalucía y las regiones densamente agrícolas; con el temor de que tal panorama se extendiera a las regiones industriales, dando origen a "éxodos de miseria". Y un tercer personaje, Santiago Alba, ex ministro de la Monarquía y ahora radical lerrouxista, agregaba: "La situación económica es delicadísima, grave, y pavoroso el porvenir inmediato. Pronto los obreros vendrán a las puertas de esta Cámara a pedir trabajo".

        Se habían creado una Comisión técnica y unas Juntas encargadas de estudiar la Reforma Agraria, mas ésta no se vislumbraba por parte alguna. Nada debe extrañarnos, por eso, que las huelgas catastróficas y la situación de revuelta de los meses de septiembre y octubre se prolongasen en noviembre y diciembre, con actos terroristas y agresiones a la Guardia Civil, contra la que predicaban no sólo los comunistas y los anarquistas sino los propios afiliados al partido en el poder, Izquierda Republicana, de Manuel Azaña, y los socialistas en torno al PSOE. Estas predicaciones socialistas alcanzarían sus voces más altas y excitantes en tierras de Badajoz.

    Castilblanco, el último día del año 1931, por lo tanto a los pocos meses de proclamada la II República, es un trágico aviso de lo que se prepara en España. La población, excitada por diputados socialistas, organiza una manifestación, a pesar de haber sido prohibida por las autoridades gubernativas. En cumplimiento de su deber, sale a la calle el Cabo Comandante de Puesto de la Guardia Civil con tres guardias. Intentaban los guardias civiles, en forma correcta, hacer desistir a los manifestantes de su actitud sediciosa, y entonces, de manera inopinada, pero tan unánime que demuestra la premeditación, el populacho se lanza sobre ellos.  Atropellados por la multitud, caen al suelo, donde son heridos con toda clase de armas y machacados con piedras. El General Sanjurjo, Director General de la Guardia Civil, acudió al entierro, y al ver los cuerpos mutilados de los guardias, manifestó que: "Ni en Monte Arruit, en la época del derrumbamiento de la Comandancia de Melilla, los cadáveres de los cristianos fueron mutilados con un salvajismo semejante. Hubo mujeres que bailaron ante los restos mutilados de las víctimas."

    El diario ABC publicó la noticia el 1 de enero con impresionantes fotografías. La portada tenía la imagen de una anciana con estas palabras: "También los guardias civiles tienen madre".

    Por todos los indicios, el PSOE se situaba, en algunas de sus facciones, frente al propio Gobierno y contra el régimen republicano. Sin duda, la lucha contra la organización rival anarquista no era fácil, y el peligro de perder las bases, cierto. Por eso había que predicar también la revolución agraria total, ir tan allá como el que más.

    Mientras tanto, el crimen, en vez de encontrar la general repulsa que era de esperar, es desvirtuado e incluso justificado por los dirigentes izquierdistas y marxistas. El diputado del Bloque Republicano-Revolucionario, José Antonio Balbontín, dijo en las Cortes: "La Guardia Civil está siendo de hecho en este momento un elemento de perturbación social; no basta con quitarle las armas de largo alcance ni con variar el Reglamento; en este momento de sobrexcitación social, la mera presencia de un piquete de la Guardia Civil enfrente de una manifestación obrera o campesina no es la garantía del orden: es la llama incendiaria."

    En el Gobierno había a la sazón tres ministros socialistas, pero ello no frenaba a su partido (el PSOE), que provocaba y defendía las agresiones contra las fuerzas de orden público que cumplían las órdenes del mismo Gobierno del que formaban parte.

    Resultaba tan escandalosa la campaña de difamación desatada contra la Guardia Civil, que el propio Presidente del Consejo de Ministros, el dirigente izquierdista Manuel Azaña, hubo de exclamar en las Cortes: "Cualquiera diría que en Castilblanco ha sido la Guardia Civil la que se ha excedido en el cumplimiento de su deber, y no deja de pasmar que cuando cuatro infelices guardias han perecido en el cumplimiento de su deber, se ponga precisamente a discusión el prestigio del Instituto, como si hubieran sido estos guardias, no los muertos, sino los matadores."

    Azaña, que era consciente de que sobre la República pesaba una amenaza muy seria de desbordamiento por la izquierda, adelantándose a otros políticos aludió entonces al "oro de Moscú" como si fuera la acción soviética la que movía los hilos. Pero no fue muy lejos por esta línea: era consciente de que no podía contar con otros apoyos que los que vinieran de la izquierda.

    A pesar de estas palabras, la reacción del Gobierno fue destituir al General Sanjurjo. Los acusados por el crimen de Castilblanco comparecieron ante un Consejo de Guerra; pero las peticiones del Ministerio Fiscal, seis penas de muerte y seis cadenas perpetuas, no prosperaron. Una mujer denominada "la Machota", que se había distinguido en la provocación de la agresión y en el ensañamiento de los cadáveres, fue totalmente absuelta.

(Servicio Histórico de la Guardia Civil. Ponencias sobre La Epopeya de la Guardia Civil en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, capítulo II, pp. 21 y 22. José María Gil Robles, No fue posible la paz, p. 42. José Manuel Martínez Bande, Los años críticos, pp. 53 y 54, Ediciones Encuentro. Luis Suárez Fernández, Franco, crónica de un tiempo, p. 203, Ed. Actas. Ricardo de la Cierva, Historia actualizada de la II República y la Guerra de España, 1931-1939, p.51, Ed. Fénix.)

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El servicio de investigación militar (SIM)

El Servicio de Investigación Militar (sus siglas SIM) fue creado por el socialista Indalecio Prieto Tuero, el 9 de agosto de 1937. Era un cuerpo de policía política con misiones de información, espionaje y contraespionaje junto a las de represión política e ideológica, detenciones y actuaciones arbitrarias al servicio de los intereses de sus promotores. En toda España se contaban aproximadamente 6.000 agentes.

    Desde sus comienzos la actuación del SIM derivó hacia el órgano legalizado de persecución y represión política, usualmente utilizado en tareas de seguridad más que en las de espionaje. La tarea principal era la de perseguir a los disidentes ideológicos, a los enemigos potenciales o reales de la Unión Soviética, de su líder máximo Stalin y, en general, a todas aquellas personas que no acataran la voluntad de Moscú. También, y a la vez, la persecución, aislamiento y detención de los desafectos a la causa frentepopulista, a la revolución marxista, catalogados como fascistas o de ideología conservadora: gentes de orden, empresarios, religiosos y creyentes practicantes, profesionales liberales, comerciantes, estudiantes, etc.

    El SIM se le escapó de las manos a Indalecio Prieto, como reconoce en Cómo y por qué salí del Ministerio de Defensa. Intrigas de los rusos en España:

    En el decreto de creación del SIM que redacté yo mismo, porque no quise seguir de manera esclava el proyecto que me fue entregado hay un artículo el segundo por virtud del cual los nombramientos de todos los agentes del SIM corresponden exclusivamente al ministro de Defensa Nacional. Ésta era una garantía que previsoriamente quise establecer. Nadie podía ser agente del SIM si no estaba en posesión del carné que llevara por duplicado la firma del Ministerio.

    Nombrado (el comunista) Durán jefe de la Demarcación del Ejército del Centro, designa él por sí y ante sí, sin facultades para ello, a los agentes que habían de estar a sus órdenes, que, en número de algunos centenares eran comunistas y sólo cuatro o cinco socialistas, excluyéndose además a los socialistas que interinamente, y a propuesta del Ministerio de la Gobernación, desempeñaban entonces la misma misión. Me encontré ante un caso intolerable, por lo cual, alegando, y con fundamento, que me faltaban mandos en el Ejército volvieran a sus antiguos puestos, y así hice retornar a la función militar al comandante Durán.

    A causa de esta destitución, un técnico ruso del Servicio de Información visitó a Indalecio Prieto para exigirle la reposición de Durán en la jefatura del SIM de Madrid. Esta escena ocurrió en Valencia.

    Sigue Prieto en sus memorias:

    Preocupado por el nombramiento del nuevo director del SIM, caí en la desgracia de designar al teniente coronel Uribarri, socialista desde mucho tiempo. Al poco de posesionarse del cargo, Uribarri me dijo:

    Soy hombre leal y quiero proceder lealmente con usted. Vengo a decirle que Fulano de Tal (el segundo entre los directivos rusos de estas actividades técnicas, no el que había roto conmigo, sino su lugarteniente) me ha citado a una entrevista que se verificó anoche en una calleja oscura, dentro de su automóvil, y dicho señor me invitó a que me entendiera directa y constantemente con él, a espaldas de usted, a lo cual me negué.

    Así se debe proceder le dije, y le di las gracias.

    Uribarri, hombre cuyo desequilibrio se había acentuado a causa de trabajos enormes al frente del SIM, donde permanecía cuatro o cinco días sin dormir, cambia de conducta, no sé por indicación de quién. Advierto que el SIM ya no obedece mis órdenes. Uribarri se entendía con quienes le había requerido antes a entenderse con ellos a espaldas mías. Éste es uno de los incidentes que yo he tenido con los rusos, sin arrepentirme, por procurar que el SIM no fuese un instrumento suyo, como lo había sido la Dirección General de Seguridad, para ciertos sucesos que nos han creado.

* * *

El decreto del Ministerio de Defensa Nacional por el que se creaba el SIM (Servicio de Información Militar), dice así:

    A lo largo de nuestra lucha se ha podido descubrir la existencia de varias organizaciones que los facciosos utilizan para el espionaje y el sabotaje, organizaciones creadas y dirigidas por elementos extranjeros previamente establecidos en España para servir los designios de sus países con respecto a nuestra Patria.

    Esos descubrimientos han evidenciado la necesidad de montar servicios de contraespionaje, de los cuales están provistos todos los ejércitos modernos y de los que nosotros carecemos en absoluto.

    En virtud de lo expuesto, de acuerdo con el Consejo de ministros y a propuesta del Ministro de Defensa Nacional, vengo en decretar lo siguiente:

    Art. 1.º Se crea en el Ministerio de Defensa Nacional el Servicio de Investigación Militar, que tendrá por misión combatir el espionaje, impedir actos de sabotaje y realizar funciones de investigación y vigilancia, acerca de todas las fuerzas armadas dependientes de dicho Ministerio.

    Art. 2.º El Servicio de Investigación Militar dependerá directamente del ministro de Defensa Nacional, a quien corresponde además de un modo exclusivo el nombramiento de Jefes, Inspectores y Agentes del referido Servicio, cuyos carnets llevarán la firma y el sello del Ministerio.

    Art. 3.º Todos los miembros del Ejército de Tierra, Marina y Aviación, cualquiera que sea su graduación, así como el personal de la Subsecretaría de Armamento y el resto de los funcionarios del Ministerio de Defensa Nacional están obligados para cuando ello fueran requeridos por Agentes del SIM a prestar a éstos cuantos auxilios necesiten.

    Art. 4.º Los funcionarios del SIM serán considerados como Agentes de la Autoridad con todas las prerrogativas que a éstos correspondan.

    Art. 5.º Los funcionarios del referido Servicio estarán facultados especialmente para la detención de elementos militares.

    Art. 6.º Las denuncias que, sobre espionaje, sabotaje o cualquier irregularidad peligrosa relativa a las fuerzas armadas, recibieren las autoridades civiles deberán ser comunicadas por éstas, sin demora, al Ministerio de Defensa Nacional para que el SIM se encargue de su esclarecimiento.

    Art. 7.º Se autoriza al ministro de Defensa Nacional para dictar las disposiciones reglamentarias que exige el desarrollo del presente Decreto, manteniendo secretas las que por su naturaleza no deban ser publicadas.

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El SIM se constituyó en una policía política, de obediencia comunista (marxista revolucionaria) de represión y persecución de todo a quien consideraran contrario a sus objetivos y que no se doblegara de buenas a primeras a los imperativos del Gobierno frentepopulista de inspiración soviética.

    Escribe Domènec Pastor Petit:

El SIM fue estructurado con jerarquía y disciplina militar, a pesar de que sus componentes no siempre fueran vestidos con uniforme. Inicialmente había de ser, al menos en teoría, una unidad de combate secreto contra los espías y los saboteadores del interior, y asimismo con tentáculos infiltrados en la zona enemiga y en el extranjero. Es decir, actividades de espionaje y contraespionaje.  La realidad, sin embargo, se reveló bien diferente, ya que degeneró, desde un primer momento, en un órgano de represión política, más utilizado en tareas de seguridad que en las de espionaje, y con desvelo u obsesión exclusivos y centrados en la persecución de disidentes ideológicos, enemigos potenciales o reales de Stalin y, de hecho, de todos aquellos que no se doblaran a la voluntad de Moscú.

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Al principio se encargó la jefatura del SIM a Ángel Díaz Baza, militante socialista. A finales de 1937 lo sustituyó Prudencio Sayagües, antiguo miembro del FUE (Federación Universitaria Española) sustituido por Manuel Uribarri Barrutell, miembro de la Guardia Civil, que en el año 1938 huyó a Francia con la fortuna conseguida en los saqueos. También fueron miembros del SIM: Santiago Garcés Arroyo (escolta de Indalecio Prieto y uno de los que fueron a detener a José Calvo Sotelo en al noche del 12 al 13 de julio de 1936, y al cabo asesinarlo), Maxim Schneller (jefe de la Sección Extranjera), Ángel Pedrero García (segundo jefe de la checa dirigida por el socialista Agapito García Atadell) y Gustavo Durán (músico, militar y diplomático de obediencia comunista).

    Hacia finales de 1937, con el curso de la guerra virando hacia la derrota para la República del Frente Popular, se acentuó la pugna entre el SIM y la creciente Quinta Columna, alcanzando en Cataluña la cifra de 1.200 fusilados, ejecuciones llevadas a cabo en el castillo de Montjuïch (o Montjuic) con la anuencia de las autoridades catalanas y del Gobierno de la República que daba el enterado.

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Cuenta José Peirats:

    "Las mazmorras del SIM eran cárceles disimuladas en el interior, a veces, de mansiones palaciegas, rodeadas de verjas y pobladas de jardines. El pueblo español llamaba checas a toda clase de prisiones secretas. En los primeros tiempos, las checas del SIM eran tenebrosas, instaladas en antiguas casas y conventos. El régimen de torturas que en ellas se aplicaba era el procedimiento brutal: palizas, con vergajos de caucho, seguidas de duchas muy frías, simulacros de fusilamientos y otros tormentos horrorosos y sangrientos. Los consejeros rusos modernizaron esta vieja técnica. Las nuevas celdas eran más reducidas, pintadas de colores muy vivos y pavimentadas con aristas de ladrillos muy salientes. Los detenidos tenían que permanecer de pie continuamente, bajo una potente iluminación roja o verde. Otras celdas eran estrechos sepulcros de suelo desnivelado, en declive. Tenerse en pie implicaba una tensión completa de nervios y músculos. En otras reinaba una oscuridad absoluta y oíanse en ellas sonidos metálicos que hacían vibrar el cerebro. Los interrogatorios tenían lugar en salones decorados casi artísticamente. Los esbirros preguntaban pausada y atropelladamente, con mansedumbre, con autoridad o con sarcasmo, alternativamente, durante la misma sesión, según el efecto que deseaban. Contrastes tan estudiados desplomaban moral y materialmente a la víctima. Los recalcitrantes eran encerrados en la cámara frigorífica o en la caja de los ruidos o atados a la silla eléctrica. La primera era una celda de dos metros de altura, en forma redondeada; al preso se le sumergía allí en agua helada, horas y horas, hasta que tuviese a bien declarar lo que se deseaba. La caja de los ruidos era una especie de armario, dentro del cual se oía una batahola aterradora de timbres y campanas. La silla eléctrica variaba de la empleada en las penitenciarías norteamericanas en que no mataba físicamente."

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Agustín Guillamón describe la actuación del SIM:

    El método rutinario del SIM; su objetivo cualquier militante de la CNT o del POUM, o cualquier descontento en las Brigadas Internacionales o en las propias filas estalinistas; delitos eran la lectura de un diario o una hoja clandestina.

    Entrar en una checa significaba estar sometido continuamente durante semanas o meses a interrogatorios y torturas. El ingreso en la Prisión Modelo (pero sobre todo en la Prisión del Estado) suponía el fin de las torturas y una cierta garantía de ‘no desaparecer', como tantos otros trabajadores que jamás salieron de una checa.

    Las actividades del SIM se dirigieron en muy pocos casos contra las escasa organizaciones fascistas que habían sobrevivido a la represión revolucionaria de julio de 1936, ya que su principal actividad fue la represión del movimiento obrero y de las minorías revolucionarias. El POUM, los bolchevique-leninistas y Los Amigos de Durruti pasaron a la clandestinidad antes de que apareciera un decreto que los declarase ilegales. Todos esos militantes, junto con los grupos de anarquistas contrarios al colaboracionismo, eran el blanco predilecto del SIM.

    El número de asesinatos de la represión estalinista sería incalculable, aunque dispusiéramos de una lista exhaustiva de los asesinatos en las checas y en los campos de trabajo, porque muchos de los trabajadores que habían sido liberados tras largos meses de prisión eran enviados al frente, a unidades con mandos estalinistas que tenían orden de eliminarlos. En esta tarea destacaron las unidades de Líster (Enrique Líster) y de El Campesino (Valentín González).

    Con respecto a los integrantes del SIM en Cataluña, el mismo autor refiere:

    "Los rasgos comunes del agente del SIM: joven ambicioso, forastero ajeno a la realidad social y cultural catalana, sin demasiados conocimientos políticos ni convicciones ideológicas, sádicos e incapaces pero con una obediencia ciega a sus superiores.

    "Suelen ser de origen burgués, elegantes y bien vestidos, siempre con mucho dinero, producto de los porcentajes que se les acuerda sobre las requisas realizadas, lo que les permite llevar un tren de vida disoluto y absolutamente escandaloso en una sociedad que padece hambre y miseria.

    El SIM conjugó la técnica y el terror para llevar a cabo su política represiva.

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El terror bárbaro ejercido por los anarquistas y demás criminales que dominaban Cataluña, fue sustituido por el terror cruel y científico importado en España por los hombres de la GPU (Gosudarstvennoe Politicheskoe Upravlenie), la policía política de la Unión Soviética denominada Dirección Política del Estado.

    Los que organizaron y dirigieron el terror del SIM en Cataluña fueron principalmente rusos, con algunos otros extranjeros comunistas que ya habían hecho su aprendizaje en la URSS.

    Todas las personas detenidas por los agentes del SIM, cuando no se trataba de casos especiales, eran trasladadas al Departamento de Interrogatorios. Cuando al final del interrogatorio los agentes creían que los detenidos habían confesado absolutamente todo lo que ellos conocían, eran puestos en libertad o bien mandados a campos de concentración, a construir fortificaciones o se les asesinaba cuando no era posible enviarlos a los Tribunales Populares.

    Pero cuando los verdugos del socialista Juan Negrín (ministro de Hacienda y posteriormente Jefe del Gobierno) creían que los apresados no habían confesado todo cuanto sabían eran trasladados al Departamento de Torturas, donde quedaban sometidos a varios procedimientos hasta que llegaban a declarar lo que pretendían los agentes del SIM.

    Como todas estas penalidades inventadas por los técnicos rusos eran pocas, se añadió el hambre y la falta de vestuario. Todo esto, junto con la suciedad más lamentable, terminaba con la resistencia de los detenidos. Por toda alimentación se les daba una taza de caldo de legumbres una vez al día con 150 gramos de pan, aunque no siempre figuraba el pan en la dieta.

    Cuando los detenidos salían de las cárceles del SIM eran trasladados a los campos de concentración donde, con la misma carestía de alimento y ropa, se les destinaba a la construcción de fortificaciones. Si alguno de los cautivos lograba escapar, entonces, como medida disuasoria para el resto, se mataba a los cinco anteriores y posteriores a él que aparecían en la lista general del campo de concentración. En ocasiones también se hacía una selección entre los considerados más amigos del huido, quienes después de haber sido sometidos a un bárbaro interrogatorio también eran fusilados.

    Entre los documentos que se obtuvieron tras la liberación de Barcelona, se encontró un informe de la Dirección general de Prisiones anunciando que era tal el estado de los detenidos por falta de alimentación y vestuario, que si no se ponía remedio inmediato todos estaban condenados a morir. En uno de los campos de concentración se registró un promedio de dos muertos diarios por hambre y frío.

    Para completar la barbarie de terror con que Negrín y los soviéticos dominaban Barcelona, dos días antes de la entrada de las tropas nacionales, el SIM ordenó que se evacuase a todos los detenidos. No fue posible dada las premuras de los que escapaban, por lo que se realizó una selección de presos, procediéndose a la evacuación de 800 de los 2.000 detenidos en la cárcel Modelo y 175 de los 500 en la cárcel-checa de San Elías.

(Indalecio Prieto, como reconoce en Cómo y por qué salí del Ministerio de Defensa. Intrigas de los rusos en España y convulsiones de España, Imprimimerie Nouvelle, París, 1939. Domènec Pastor Petit, La cinquena columna a Catalunya (La quinta columna en Cataluña). (1936-1939), Galba Edicions, Barcelona, 1978. José Peirats, La CNT en la revolución española, Ediciones Madre Tierra, Cali, 1988; Los anarquistas en la crisis política española, Editorial Alfa Argentina, Buenos Aires, 1964. Agustín Guillamón, La NKVD y el SIM en Barcelona. Algunos informes de Gerö ("Pedro") sobre la guerra de España, Balance, en Cuadernos de historia del movimiento obrero, n.º 22, Barcelona, noviembre 2001. César Alcalá, Las checas del TERROR, pp. 64 a 69, 73 y 79, Ed. LibrosLibres, Madrid, 2007.)

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Conversación entre José Antonio Primo de Rivera y Josep Pla

En la redacción del diario El Sol, allá por los años treinta, se organizaba una tertulia antes de cenar, a la que asistía lo que José Ortega y Gasset llamaba "la masa encefálica de la nación"; tales componentes de la inteligencia viva eran: Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu, Salvador de Madariaga, Américo castro, Ramón Pérez de Ayala, Eugenio Montes, Pedro Mourlane Michelena, Manuel Aznar y algunas veces José Antonio Primo de Rivera.

    En una ocasión en la que estaba presente en la tertulia, Josep Pla, a la sazón cronista parlamentario en Madrid, tuvo un encuentro con José Antonio, futuro fundador de Falange Española, que transcribe en su obra Darrers escrits (Últimos escritos).

    "Un día me dijo José Antonio Primo de Rivera:

    Usted es catalán. Todo lo que sé lo aprendí leyendo en la Biblioteca de Catalunya, siendo mi padre capitán general de su país... Le habrán dicho continuó que yo quiero hacer un partido como el fascista italiano o el nacionalista alemán. Todo esto es falso. Yo pretendo hacer un partido de este país, patriota, unido y eficaz. Éste sería mi ideal.

    ¿Y cómo va su partido?

    Va regular. En esta península todo es regular.

    ¿Cuál es su máximo problema en este momento?

    Creo que yo no debería dirigir el movimiento que se está formando. Yo soy muy pobre, un abogado sin pleitos y un fracasado sentimental, pero creo que el movimiento lo debería dirigir una persona que no fuera hijo de un general, que no tuviera un apellido y un título nobiliario.

    Aznar me ha dicho que es usted muy sentimental. Que cuando le dan un disgusto o lo da, queda usted muy pasmado y debilitado. En esta clase de política hay que pasar por encima, pasar...

    ¿Tiene usted interés por mi política?

    Muy poco, escaso. Su movimiento es vitalista, ilusionista, iluminista, complejo, febricitante. Yo soy un pequeño propietario rural, lo seré cuando mueran mis padres. Lo que me obsesiona es la contribución que cada trimestre pone el Estado, que es un Estado sin eficacia. Yo soy partidario de la época boba que implantó Cánovas (Antonio Cánovas del Castillo) después de la locura liberal y anárquica y del carlismo del siglo pasado. A mí me convendría la paz, la calma, la inanidad...

    Cánovas, en su inanidad, murió asesinado. Yo seré detenido y... una pausa.

    Diga, diga...

    No, es hora de ir a cenar con estos intelectuales tan académicos, agudos e insignificantes".

    Josep Pla remata el recuerdo de esta conversación, tan sugerente en la lejanía, con esta coletilla:

    "El señor Primo de Rivera es una de las personas que conocí en Madrid más elegantes, cultivadas, apasionadas y desplazadas. Siempre que hablé con él me produjo un efecto extraordinario".

(Josep Pla, Darrers escrits, Tomo 44 de las Obras Completas de J. Pla, pp. 174-175.  Juan Maciá Mercadé, 6 de octubre de 1934: Prólogo barcelonés a la Guerra Civil. Las once horas del Estat Catalá. Epígrafe: El periodista Josep Pla y el diputado que comprendía a Cataluña. Tomado de Revisión de la Guerra Civil española, pp. 98 y 99, Ed. Actas.)   

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