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Salvador Fidalgo Lopegarcía, Gonzalo López de Haro y Juan Vicente de Güemes Pacheco y Padilla

 

La presencia española en los territorios noroccidentales de América del Norte desde principios del siglo XVI, reciente el descubrimiento del Nuevo Mundo, a las postrimerías del XVIII, años 1793 y 1794, no fue esporádica o anecdótica. Los españoles buscaron asentarse en las inhóspitas regiones del Noroeste y, también, un paso franco septentrional entre los océanos Pacífico y Atlántico.

    Las exploraciones españolas en tan extenso territorio, organizadas por vía marítima, costeando hacia el Norte y levantando planos topográficos de las tierras holladas así como cartografías fiables del litoral y aguas limítrofes, fueron intensas y constantes hasta las fechas indicadas. Aunque lo peor, y no es este un caso aislado, es que en la España de hoy el recuerdo de tales exploraciones y hazañas pasa de escaso, es decir, erudito, a nulo a velocidad que asusta. Lástima no tener presente, por ejemplo, que el 3 de junio de 1790, en un lugar lejano llamado La Cala de la Orca (Orca Inlet, en la actual toponimia), el navegante español Salvador Fidalgo Lopegarcía (o Salvador Hidalgo Lopegarcía) tomó posesión formal de la tierra de Alaska para España en nombre del rey Carlos IV. Como recuerdan los historiadores Fernando Martínez Laínez y Carlos Canales Torres en su obra Banderas lejanas, de todo este esfuerzo de marinos audaces y navegantes ilustrados sólo quedan unos pocos topónimos en español que conservan la memoria de lugares remotos, azotados por vientos de frío glacial que un día fueron reclamados como parte integrante de la soberanía española.

    Una esquemática cronología, pues no es otra la pretensión, informa de las exploraciones hacia el Pacífico Norte, desde la costa occidental de México en el virreinato de Nueva España, llevadas a cabo por navegantes españoles, oficiales de la Armada, o a las órdenes de la Corona española; rutas que se abrieron para descubrir nuevos territorios, y por ende riquezas, además de encontrar el mítico Paso al Noroeste o travesía de los Estrechos de Anián, buscados desde el siglo XVI, que permitiera unir los océanos Pacífico y Atlántico en esas latitudes, desechadas las noticias de su hallazgo falsamente atribuidas en 1588 a Lorenzo Ferrer Maldonado; en 1592 a Juan de Fuca (Apóstolos Valerianos); y en 1640 a Bartolomé de Fonte.

 

El mítico estrecho de Anián.

El mítico estrecho de Anián.

Imagen de http://elladooscurodelahistoria.blogspot.com

 

Esquema cronológico de las expediciones:

Diego Hurtado de Mendoza, en 1532; Hernando de Grijalva, en 1533; Hernán Cortés, en 1535; Francisco de Ulloa, en 1539; Juan Rodríguez Cabrillo, en 1542; Francisco Gali, en 1582; Sebastián Vizcaíno, en 1596 y 1602; Juan Pérez, en 1774; Bruno de Ezeta (o Heceta), Juan Francisco de la Bodega y Quadra con Francisco Antonio Mourelle de la Rúa y Juan Pérez, en 1775 y 1779; Ignacio de Arteaga, en 1779; Esteban José Martínez y Gonzalo López de Haro, en  1788 y 1799; Francisco de Eliza con Salvador Fidalgo y Gonzalo López de Haro, en 1790; Salvador Fidalgo, en 1790, ocasión en que se alcanzó la máxima extensión del imperio español; Manuel Quimper, en 1790; Alejandro Malaspina, en 1791; Jacinto Caamaño, en 1792; y Dionisio Alcalá Galiano con Cayetano Valdés, en 1792.

 

Posesiones españolas en el Pacífico septentrional americano.

Posesiones españolas en el océano Pacífico septentrional.

Imagen de www.es.wikipedia.org

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En 1774 las autoridades españolas del virreinato de Nueva España, con Antonio María de Bucareli y Ursúa como virrey y José de Gálvez como Visitador general, eligieron el apostadero de San Blas, situado en la costa del actual estado mejicano de Nayarit, frente a las islas Marías, como base de partida para la exploración de la Alta California, así como para asistir a los presidios o destacamentos de Monterrey, San Diego, Loreto, San Carlos y alguno más. (El presidio era un puesto militar que se establecía estratégicamente en territorio recién ocupado para proteger a las misiones y a otros reductos de población, si los había, de ataques indígenas). A la Armada española, la Real Armada, se encomendó la honorífica tarea de dar con el paso septentrional entre los dos océanos, Pacífico y Atlántico, en esta precisa dirección.

 

Apostadero de San Blas y costa del Pacífico septentrional.

Imagen de www.msde.es

 

El alférez Juan Pérez, al mando de la fragata Santiago, alcanzó en 1774 la isla de Nutka (Nootka, Nuca, Nutca), luego llamada de Bodega y Vancouver, hoy sólo denominada Vancouver, en la actual Columbia Británica, provincia de Canadá. A continuación, los oficiales Ignacio de Arteaga y Bazán, junto a Juan Francisco de la Bodega y Quadra y Francisco Antonio Mourelle de la Rúa, a bordo de las fragatas Favorita y Princesa, en 1779 exploraron una amplia bahía y una ensenada que bautizaron como Puerto Bucareli (en la actual Alaska), en honor al virrey de Nueva España. Siguieron navegación hacia latitudes superiores y alcanzaron los 61º 17' N, lo que constituyó la base de la alegación de España en sus reivindicaciones de soberanía en el Pacífico septentrional. Reconocida la zona, subieron de latitud hasta el actual Port Etches, en la isla Hinchinbrook, cerca de la entrada del estrecho o entrante del Príncipe Guillermo (Prince William Sound); Arteaga bautizó el lugar como Puerto de Santiago. Y todavía con ánimo, ya que la enfermedad no había hecho mella como poco después aconteció, recalaron en la ensenada de Cook y en la península de Kenai (actualmente Port Chatham), territorios de los que tomaron posesión para España el 2 de agosto de 1779.

 

Mapa del Pacífico septentrional.

Imagen de www.foroespana.foroactivo.com

 

Isla y puerto de Nutka.

Imagen de www.msde.es

 

La pasividad, más bien inacción, de la Corona durante ocho años con relación a los asentamientos españoles en los territorios posesionados para España en nombre de ella concluye en 1787. En la metrópoli se sabía desde 1764 que los rusos enviaban expediciones desde el puerto de Arcángel (Arkhangelsk) en el mar Blanco y los de la península de Kamchatka, en el océano Pacífico, a la costa occidental norteamericana, para negociar con las pieles de castor, oso marino, marta y nutria, circunstancia que no podía ser obviada y que determinó el establecimiento de una base de partida y arribada para los barcos españoles en labor de vigilancia, exploración y consecuente explotación: el Departamento de San Blas. Las actividades rusas y la inefable sombra del corsario inglés, obligaban a mantener el pulso y ampliar las posesiones en aquellas regiones septentrionales.

    El rey Carlos III, puntualmente informado, decidió cerrar el paréntesis de omisión para emprender una campaña activa de reconocimiento y defensa de los intereses españoles en enero de 1787. Fue el ministro conde de Floridablanca, José Moñino y Redondo, quien impartió las oportunas instrucciones al efecto el 8 de julio de ese año. El marino jefe al mando de la expedición y los oficiales de la Armada según procediera en cada caso, debían efectuar exploraciones minuciosas hacia el Norte con el propósito de confirmar o desmentir la existencia de corredores marítimos de uno a otro océano y asimismo afirmar la soberanía española, manteniendo el buen trato con los naturales de los puntos tomados previamente y ahora reclamados si fuera menester, y expulsando a los foráneos que se hubieren allí establecido. También era conocida en la Corte española que se estaba preparando una expedición naval rusa a la zona en disputa al frente de la cual aparecía el navegante y explorador británico Joseph Billings, que había compartido travesías con James Cook.

    La expedición española estaba compuesta por la fragata Princesa, al mando del oficial Esteban José Martínez y el paquebote San Carlos (conocido como el Filipino), al mando del oficial Gonzalo López de Haro y con José María Narváez como piloto.

    Las aguas embravecidas rumbo al Norte dificultaban la navegación de los barcos españoles que pusieron proa al confín de tierra ribereña septentrional. López de Haro se dirigió al archipiélago Kodiak, frente a la costa de Alaska y en la fosa de las Aleutianas, arribando a la isla de Kodiak, y en aquella latitud descubrió que dos fragatas rusas estaban siendo aprestadas para desplazarse a Nutka y ocuparla. El piloto José María Martínez fue el español que contactó con el comandante ruso para de él recibir una primera explicación y mapas de Alaska; luego lo condujo a presencia de López de Haro. Por su parte, Martínez, que también alcanzó las islas Aleutianas, supo a su llegada al archipiélago que el comerciante británico John Meares había establecido un puesto comercial en Nutka. Los intereses españoles sufrían una grave merma con la alianza ruso-británica.

 

Manuel Antonio Flores Maldonado.

Manuel Antonio Flores Maldonado

Imagen de http://blog.todoavante.es

 

Informado del asunto el virrey de Nueva España, Manuel Antonio Flores (o Flórez) Maldonado, optó por actuar sin la previa anuencia del rey, dada la premura y riesgo: había que ocupar Nutka. Esteban José Martínez con una tropa de 28 soldados, con dos cabos y un sargento, embarcaron en la Princesa y el San Carlos y desde el apostadero de San Blas pusieron proa urgente a Nutka. Tras unas actuaciones conminatorias y otras de carácter puramente militar, en artículo aparte explicadas, Esteban José Martínez tomó oficialmente posesión de Nutka en nombre de España en junio de 1789. Y durante un mes él y sus hombres se dedicaron a fortalecer la posición, hasta que a finales de julio la fragata Aránzazu trajo a Nutka la mala nueva del fallecimiento de Carlos III y la orden del virrey Flores Maldonado de abandonar la posición no sin antes haberla desmantelado para impedir aprovechamientos ajenos. Cumplida la orden, en diciembre todos habían vuelto a San Blas.

* * *

 

Paradojas de la política y la razón de Estado, mientras que el virrey Flores Maldonado consideró entonces irrelevante, gravosa e inoportuna la posesión de Nutka, en la capital del reino de España se estimó lo contrario. Al tiempo que Juan Vicente de Güemes Pacheco y Padilla, II conde de Revillagigedo, era nombrado virrey de Nueva España, Carlos IV, sabedor del abandono, le ordenaba revocar la orden de su predecesor.

 

Juan Vicente de Güemes Pacheco y Padilla, II conde de Revillagigedo.

Juan Vicente de Güemes Pacheco y Padilla, II conde de Revillagigedo.

Imagen de www.agn.gob.mx

 

De acuerdo con los deseos del monarca, el conde de Revillagigedo determinó aprestar tres barcos, la fragata Concepción como buque insignia, para que de inmediato y al mando conjunto de Francisco de Eliza y Reventa zarparan rumbo Nutka con el firme propósito de asegurar la posesión; lo que significaba construir un fuerte y dotarlo de lo necesario. A la Primera Compañía Franca de los Voluntarios de Cataluña, con 76 efectivos y equipo completo mandada por el capitán Pedro Alberni (Pere d'Alberní i Teixidor), le fue encomendada la tarea de fortificación y posteriores defensa y vigilancia de Nutka, y exploración del estrecho de Juan de Fuca. También se le exigió a De Eliza que con sus treinta cañones entablara combate con quien osara impedir el desarrollo de la misión.

    En abril de 1790 llegó la expedición a la Cala de los Amigos, en el puerto de Nutka, sin novedades dignas de reseñar. A la vista no aparecía nadie que pudiera interferir en el plan español, incluso el cacique Macuina iba a colaborar en el nuevo asentamiento, por lo que Alberni y sus hombres se dispusieron sin perder un día y en el mismo lugar elegido por Esteban José Martínez, antecedente en la tarea defensiva, a levantar el fuerte, que se llamó de San Miguel, dotado con baluartes y veinte cañones, nueve edificios, bodega, santabárbara y la residencia del comandante, que recibió por nombre el de Santa Cruz de Nutka. Un terreno aledaño se preparó para cultivos, otro para pasto de la variada cabaña: vacas y corderos, y un tercero para dependencias de los anteriores animales y los de granja: aves y cerdos.

    A juicio de los historiadores Martínez Laínez y Canales Torres, la ardua labor de los Voluntarios de Cataluña logró edificar en sólo unos meses el mejor fuerte de la frontera de Nueva España, con una organización tan eficiente que, además de dar satisfacción a lo que de ellos se esperaba, incluso pudo enviar a parte de sus hombres a embarcar en los buques de la Armada en calidad de infantes de Marina.

    El 13 de agosto de 1791 la Expedición de Alejandro Malaspina, italiano al servicio de la corona Española,  divisa el establecimiento de  Nutka y en su diario escribe:

Puede imaginarse cuál sensación nos haría el ver poco después tremolar la bandera nacional en un altito inmediato a la punta sur, y entre los arboles distinguirse los tres palos de una embarcación desaparejada: no ignorábamos de antemano la existencia de un establecimiento nuestro en estas costas; no ignorábamos cuantos caudales se habían derramado y cuánta sangre pudo haberse esparcido para sostener su posición legítima.

 

Bandera española en Alaska.

Izado de la bandera de España en Alaska.

Imagen de www.msde.es

 

Recordemos que entre los desempeños del contingente español estaba el de explorar el litoral hacia el Norte. La primera expedición la llevó a cabo el paquebote San Carlos, enviado a las costas de Alaska con 15 soldados al mando de Salvador Fidalgo, que navegó costeando hasta alcanzar una zona que reconoció y bautizó con el nombre de Valdés (en la actualidad Valdez), en honor del ministro de Marina e Indias Antonio Valdés y Fernández Bazán, y un buen fondeadero que llamó Puerto Córdova, quizá en honor del almirante y Director General de la Armada Luis de Córdova y Córdova. Ambos topónimos se conservan, con la variación en la última consonante indicada en el primero, y tienen como peculiaridad que son los más septentrionales del mundo en español.

 

Valdéz y Córdova, en Alaska.

Imagen de www.grandesbatallas.es

 

Finalizado el recorrido por la costa suroccidental de Alaska, Fidalgo puso proa al estrecho del Príncipe Guillermo, enfiló la entrada de la Cala de la Orca (Orca Inlet), y soltó el ancla cerca de Puerto Córdova para desembarcar.

    Protocolariamente, Salvador Fidalgo amistó con los nativos (ni rastro de rusos o europeos por allí), y acto seguido, de un modo solemne, los españoles erigieron una enorme cruz de madera y luego, formada para rendir honores la tropa de los Voluntarios de Cataluña, se procedió al izado de la bandera de España. A la par que ondeaba la enseña nacional el 3 de junio de 1790, Fidalgo leía la proclama por la que tomaba posesión de Alaska en nombre del rey Carlos IV.  El imperio español alcanzaba su cénit.

 

Salvador Fidalgo Lopegarcía.

Salvador Fidalgo Lopegarcía

Imagen de www.phanphobia.net

 

Y al día siguiente, 4 de junio, la guardia española avistó unas naves en aproximación a una tierra colindante, la actual península de Kenai, y distinguió la nacionalidad rusa de las mismas. Lo imaginado por el Gobierno español cobraba certeza. Encomendado a su audacia y valor, presto a cumplir las órdenes recibidas cualquiera que fuese la circunstancia, Salvador Fidalgo levó las anclas del San Carlos para descubrir el principal asentamiento ruso, cosa que logró al encontrarlo en la isla de Kodiak, situada en la costa Suroeste de la península de Kenai, en la actual Bahía de los Tres Santos (Three Saints Bay). Llegó y actuó: a la vista de todos los presentes, orgullosos los españoles, estupefactos los rusos y a la habitual expectativa los pocos autóctonos asomados a la ceremonia, de nuevo con bandera y proclama Salvador Fidalgo tomó posesión del territorio en nombre de España el 5 de julio, en Nanwalek,  junto al puesto de Alexandrovsk, en la actualidad Bahía del inglés (English Bay), al Sudoeste de la hoy ciudad de Anchorage.

 

Valdéz y Córdova, en Alaska.

Imagen de http://nationalgeographic.com.es

 

Salvador Fidalgo debía informar cuanto antes al virrey y éste al rey de lo visto y vivido en la expedición, por ello regresó a San Blas, amarrando en el apostadero el 15 de noviembre de ese expansivo año 1790.

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La segunda expedición con idénticos objetivos, descubrir, cartografiar y posesionar territorios para España, puso rumbo Norte Noroeste (NNO) desde el apostadero de San Blas. Se encomendó la descubierta al oficial de Marina Manuel Quimper Benítez del Pino, acompañado de los también oficiales Gonzalo López de Haro y Juan Carrasco, embarcados en la goleta Princesa Real.

 

Manuel Quimper Benítez del Pino.

Manuel Quimper Benítez del Pino.

Imagen de www.bajaamigos.net

 

La expedición española puso proa al laberinto de canales que constituye el estrecho de Juan de Fuca, navegando hacia el recóndito interior hasta el actual estrecho o entrante de Puget (o Puget Sound), un profundo entrante del océano Pacífico. Allí descubrieron las islas de San Juan y un número considerable de estrechos y calas, no todos por ser muchos y no disponer del tiempo necesario, cuyos nombres en español han ido despareciendo, salvo el de las mencionadas islas y de los estrechos de Haro y Rosario, el puerto Ángeles, península de Quimper, bahía Padilla y las islas Fidalgo y López. Además, durante el periplo de seis semanas, la expedición encontró un excelente lugar para establecer una posición fortificada que Quimper denominó Núñez Gaona (Fuerte Núñez Gaona, en la actual Bahía Neah o Neah Bay).

 

Estrechos Juan de Fuca y Haro e islas San Juan, Orcas y López.

Imagen de www.es.wikipedia.org

 

Quimper y López de Haro prestaron atención a los fondos y a las costas tanto como a los paisajes, en especial a las magníficas cumbres nevadas, una de las cuales, un volcán de gran altura, recibió un improvisado bautismo: La gran montaña del Carmelo, que los naturales de la región llamaban Koma Kulshan, y que la posterior toponimia inglesa ha inscrito como Mount Baker.

    Se considera a Gonzalo López de Haro el primer europeo que llegó a las islas San Juan, en aguas del estrecho que por reconocimiento lleva su nombre, el Estrecho de Haro (Haro strait). La toponimia de la zona conserva nombres españoles como los citados y el de las islas López y Orcas, que delimitan la frontera entre Estados Unidos y Canadá en la región del Pacífico.

 

Fuerte Núñez Gaona.

Imagen de http://es.surf-forecast.com

 

Estrecho de Juan de Fuca.

Imagen de http://lh3.ggpht.com

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Salvador Fidalgo recibió en 1792 el encargo de establecer un fuerte y una base naval en Núñez Gaona, posición elegida en 1790, que domina la entrada del estrecho de Juan de Fuca y asegura la defensa de la posición de Nutka en la isla Bodega y Vancouver. Para ello volvió a contar con los Voluntarios de Cataluña, rescatados de sus posiciones en Alaska a las que dedicaron todo su aliento, que en número de trece, más un cabo al mando, embarcaron en la fragata Princesa. El 28 de mayo pusieron pie en el lugar y comenzó la tarea de levantar un puesto al que había que dotar con lo imprescindible para la supervivencia y comodidad posible de los destinados. De nuevo diligentes, en breve edificaron un cuartel, una barrera artillera, dependencias para la tropa y los jefes, una bodega, un horno, una enfermería, almacenes y, para abastecerse entre el arribo de suministros por mar, acondicionaron terrenos para el cultivo y la ganadería.

    Luego, este fue el primer asentamiento europeo en el territorio del hoy Estados Unidos de América, ubicado en el Estado de Washington y al Oeste de las Montañas Rocosas.

    La posición Núñez Gaona ofrece interés en los aspectos científico y comercial, y por supuesto militar y geográfico, pero su puerto es insuficiente para el fondeo de grandes barcos. Lo que no fue óbice para que las naves españolas efectuaran un notable reconocimiento del estrecho de Juan de Fuca.

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España envió marinos de la Real Armada, exploradores calificados y científicos de renombre a sus posiciones en el Pacífico septentrional para que asentasen la presencia española y el control de la navegación, para que procurasen informes fidedignos de los movimientos extranjeros en las diversas zonas, y para el estudio de personas y naturaleza en territorios con tanto por revelar.

 

Isla y canal de Revillagigedo.

 

Isla y canal de Revillagigedo.

Imágenes de http://static.garmincdn.com y http://aktrekking.com

 

 

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