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Siglos XVI y XVII: Los maestros del Colegio de Salamanca

 

Se conoce, o denomina, como Escuela de Salamanca a la obra Collegium Salmanticense, que recoge los textos de dos cursos de teología dogmática y teología moral, escritos en el siglo XVII por carmelitas descalzos, maestros del Colegio de Salamanca, inspirados en la Summa Theologica de Santo Tomás de Aquino.

    Los doce volúmenes del Cursus theologicus, 1631-1712, fueron escritos por Antonio de la Madre de Dios, Domingo de Santa Teresa y Juan de la Anunciación, con la colaboración de tres estudiosos para el Tratado de penitencia. El Cursus theologiae moralis, 4 volúmenes, 1665-1668, fue escrito por Francisco de Jesús María, Andrés de la Madre de Dios y Sebastián de San Joaquín.

    Su orientación doctrinal es representada por las tesis de la escuela tomista de la época. Para las doctrinas filosóficas, se atienen al Cursus complutensis, amplia exposición de las doctrinas escolásticas realizada por los maestros del Colegio de Alcalá.

 

En dos sentidos puede hablarse de una Escuela de Salamanca:

    1) Como designación de una parte importante de la actividad filosófica y teológica debida a escolásticos españoles del siglo XVI y comienzos del siglo XVII.

    El nombre escuela, en este caso, no presenta un sentido estricto sino amplio, referido a un conjunto de enseñanzas y de escritos con un propósito común: la reavivación de la tradición escolástica en diversas vías, y principalmente en la tomista; y un centro común de difusión: Salamanca, sobre todo la Universidad pero también el Colegio jesuita.

    Desde este punto de vista, pertenecen a la Escuela de Salamanca filósofos y teólogos de diversas órdenes religiosas, si bien con predominio de la Orden de los Predicadores; así, Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Melchor Cano, Domingo Báñez y Tomás de Mercado (adscrito a la corriente de pensamiento político y económico denominada arbitrismo, precursora del mercantilismo en Europa), dominicos; Francisco Zumel, mercedario; Francisco de Toledo y Gregorio de Valencia, jesuitas. Francisco Suárez estudió en la Universidad de Salamanca y fue profesor en el Colegio jesuita.

    2) Como designación de la obra colectiva Collegium Salmanticense.

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La Escuela de Salamanca, también denominada Escuela Española, es el primer foco de liberalismo organizado del mundo.

    Estuvo integrada por teólogos, filósofos, moralistas y juristas, cada docente impartiendo su materia con independencia del grupo constituido pero, a la vez, vinculado a un conjunto y a un proyecto con trascendencia en el ámbito académico. Estos maestros de sus respectivas especialidades impartieron su magisterio en diversas universidades españolas, aunque fue en la de Salamanca donde enseñaron más tiempo y donde obtuvieron mayor repercusión

    El siglo XVII alumbraba el liberalismo económico, y España, a través de la Escuela de Salamanca, puede atribuirse una de sus génesis o, quizá, el origen. Un mérito que ha llegado tarde; tan solo hace unas décadas que se reconoce a la Escuela de Salamanca su impulso liberal.

    De la Escuela de Salamanca surge la idea nuclear del liberalismo económico: en toda actividad humana subyace un orden natural. Un orden que de antiguo se sabe de dos clases: físico y jurídico; y una tercera que deduce el filósofo, economista y jurista Friedrich von Hayek, que atribuye a la intuición de los autores de la Escuela de Salamanca.

    En síntesis, el orden físico y el orden jurídico presentan una realidad y un carácter definidos. Las leyes del orden físico son leyes del ser, de cumplimiento inexorable pues son leyes verdaderas y no supuestos; las leyes del orden jurídico son leyes del deber ser, normas que obligan a una determinada conducta y que no desaparecen ante su incumplimiento pues es un orden formulado por la decisión de una autoridad. En cuanto al orden económico, se establece que es fruto de la acción coordinada de un grupo o de individualidades en conjunto de manera espontánea pero con un propósito determinado.

    Siendo comprendido en fechas recientes esta tercera clase de orden, cuya anticipación en los postulados emana de la didáctica de algunos autores de la Escuela de Salamanca, Pedro de Valencia, el ya citado Domingo de Soto, Martín González de Cellorigo (de la corriente arbitrista indicada en líneas precedentes), Francisco Martínez de la Mata, por ejemplo, y de los filósofos y moralistas de la Edad Media y el Renacimiento, que buscaron en el mercado la respuesta a preguntas teóricas y la solución a los problemas relativos al comercio, la banca y los intercambios con participación dineraria. Sin obviar en ningún caso la autoridad del gobernante y la influencia mercantil en las transacciones.

    Expuestos los tres órdenes, la consecuencia liberal es patente.

 

 

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