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La más memorable y alta ocasión que vieron y verán los siglos

 

El 7 de octubre de 1571 tuvo lugar en el golfo de Lepanto o Patrás, escenario del mar Jónico, la batalla naval más sangrienta de la historia entre la Liga Santa al mando de Don Juan de Austria, a bordo de la galera Real, y la Puerta Sublime comandada por Alí Pachá, a bordo de la galera Sultana, acontecimiento de la mayor trascendencia en el que se reunieron circunstancias políticas y religiosas de primer orden: la pugna de España contra el Imperio Otomano en el Mediterráneo oriental, continuación de la Reconquista, y la rivalidad entre la república de Venecia y el expansionismo turco por el control de las mismas aguas; factores a los que se añadían conflictos regionales como las guerras en la península itálica, el inefable duelo de hegemonías protagonizado por los reinos de España y Francia, éstos aliados ocasionales de los turcos, y la conquista paulatina de territorios balcánicos por parte de los otomanos.

 

En mayo de 1571, motivado por la amenaza otomana, se constituyó la triple alianza de españoles (reino de España), venecianos (la serenísima república de Venecia) y papales (Estados pontificios), comprometiéndose los firmantes a mantener una flota permanente de 200 galeras y cien veleros con cincuenta mil soldados y cuatro mil quinientos jinetes, durante tres años, a cargo presupuestario el cincuenta por ciento del total, confiadas las fuerzas de la Liga al hermanastro de Felipe II, Don Juan de Austria.

 

Principales actores cristianos (Liga Santa)

Felipe II, rey de España.

Papa Pío V

Juan de Austria, Capitán General de la flota de la Liga Santa.

Agostino Barbarigo (o Barbariego), comandante del ala izquierda en el despliegue para la batalla.

Álvaro de Bazán, Capitán General de las Galeras de Nápoles, marqués de Santa Cruz, jefe de la reserva naval en el despliegue de la batalla a bordo de la galera Loba.

Los capitanes y experimentados marinos Gil de Andrade, Luis de Requesens y Zúñiga (lugarteniente de D. Juan de Austria), Juan de Cardona, Ojeda, Juan de Maqueda y García de Toledo.

Marco Antonio Colonna, duque de Tagliacozzo y Paliano, II Gran Condestable de Nápoles, Jefe de las Galeras del Papa.

Juan Andrea Doria, Príncipe de Melfi, comandante del ala derecha en el despliegue para la batalla.

Sebastián Veniero, Capitán General de la flota veneciana durante la campaña contra los otomanos, pronto sustituido por Agostino Barbarigo.

 

Don Juan de Austria

Don Juan de Austria

Imagen de www.diarioya.es

 

Don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz.

Don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz.

Imagen de www.bne.es

 

Principales actores otomanos (Sublime Puerta)

Selim II, hijo de Soleimán el Magnífico, Sultán del Imperio Otomano.

Müezzenade Alí Pachá, Almirante del Mediterráneo, Comandante en Jefe de la flota otomana.

Amurat Dragut Rais, jefe de la división de reserva en el despliegue de la batalla.

Mehmet Sulik Pachá, alias Sirocco, Bey de Alejandría, jefe del escuadrón de Alejandría y Egipto, comandante del ala derecha en el despliegue de la batalla.

Euldj Alí Pachá (nacido Juan Dionigi, de Calabria), Gobernador de Trípoli, Bey de Argel, comandante el ala izquierda en el despliegue de la batalla.

 

Todo dispuesto para la ineludible guerra de dominio, la Liga Santa fue concentrando sus fuerzas en el siciliano puerto de Mesina a lo largo del verano de 1571, mientras la flota arreciaba sus incursiones litorales iniciadas con éxito en la primavera de ese mismo año.

    Juan de Austria llegó a Mesina el 24 de agosto, donde ya le esperaban el resto de comandantes cristianos; la estrategia que llevaba en mente era simple y directa: salir en busca de una flota turca con meses de campaña para entablar combate y derrotarla.

    La flota cristiana sumaba doscientas ocho galeras y seis galeazas (ciento ocho venecianas, ochenta y dos españolas, las mejor artilladas y con más espacio para los soldados, doce papales, tres de Saboya y otras tres de la Orden de Malta), más cien buques de transporte y un total de casi veintisiete mil hombres (catorce mil españoles); para el combate se adoptó una formación en media luna, dividida la flota en cuatro grupos: alas o cuernos derecho e izquierdo, centro y vanguardia), además de una reserva. La galera era el barco de guerra predominante en el mar Mediterráneo el siglo XVI, impulsado por remos, con el espolón como arma principal pue su artillería era escasa; la galeaza era una nave híbrida entre el galeón y la galera, con propulsión a vela y remo, fuertemente artillada y con espacio para un número importante de soldados.

    Idea del estratega García de Toledo fue la de eliminar de las galeras el espolón para así ganar un espacio decisivo en la ubicación de piezas artilleras que dañaran más y a mayor distancia los barcos enemigos. También de García de Toledo partió la idea de llevar el combate al linde de la costa, junto a las bases turcas para reducirles la capacidad de maniobra; plan que ocasionó numerosas bajas al contingente musulmán.

    El contingente humano de la Liga Santa giraba alrededor de Los Tercios españoles, la mejor infantería del mundo entonces; los infantes eran de dos clases: los piqueros, armados con armas de asta variadas, y los arcabuceros y mosqueteros, dotados de armas de fuego; los infantes, a su vez, se dividían en cuatro grupos o trozos: el de asalto o abordaje, el de reserva utilizado tanto en defensa como en ataque, y el batallón, compuesto por dos grupos, que en general defendía la nave; el de la Puerta Sublime, o Imperio Otomano, se sustentaba en los jenízaros (esclavos cristianos convertidos en soldados profesionales al servicio del sultán, unos diez mil en la batalla), duchos en el manejo del arco.

 

El 17 de septiembre la flota cristiana partió de Mesina al mando de Juan de Austria que enarbolaba su estandarte en la galera Real.

    La travesía en pos de la flota turca resultó sacudida por tempestades e incidentes de corte diplomático, en especial con el comandante veneciano, Veniero, hasta que el 3 de octubre el almirante español conoció por noticia fidedigna que los turcos estaban fondeados cerca de la localidad de Lepanto, en el golfo de Patrás; una flota compuesta por doscientas treinta galeras, más setenta unidades varias, y un  número superior a veintiocho mil soldados a bordo, que recalaba en aquellas aguas para invernar tras una triunfante, aunque fatigosa, campaña en Chipre. El día 6 la flota turca leva anclas advertida de la presencia cristiana, tomando posiciones en el norte del golfo; por su parte, los cristianos se reaprovisionaron en Cefalonia e Itaca y la madrugada del 5 al 6 emprendieron rumbo hacia el enemigo.

 

Despliegue de las flotas

Flota cristiana (compuesta por 3 divisiones):

Vanguardia: 8 galeras, al mando de Juan de Cardona.

Centro: 60 galeras, al mando de Juan de Austria.

Ala derecha: 53 galeras, al mando de Juan Andrea Doria.

Ala izquierda: 57 galeras, al mando de Agosti o Barbarigo.

Reserva: 30 galeras, al mando de Álvaro de Bazán.

Galeazas: 6 unidades, dos por división mandadas por Francisco Duodo.

 

Flota otomana (compuesta por cuatro divisiones):

Centro: 87 galeras distribuidas en dos líneas, la primera con 62 naves y 25 la segunda; el comandante en jefe era Alí Pachá.

Ala derecha: 60 galeras y 2 galeotas, al mando de Mehmet Sulik Pachá.

Ala izquierda: 61 galeras y 32 galeotas, al mando de Euldj Alí.

Reserva: 8 galeras y 22 galeotas, al mando de Amurat Dragut Rais.

 

Despliegue naval en la batalla de Lepanto.

Imagen de http://rojoamanecerenlepanto.blogspot.com

 

La batalla de Lepanto

Aproximadamente a las siete de la mañana del 7 de octubre de 1571, la flota cristiana surcaba aguas del golfo de Patrás. Pronto avistó hacia el Este a la otomana, ya dispuesta en orden de batalla.

    Alí Pachá pretendió fijar por el centro del dispositivo a las galeras españolas y flanquear la línea cristiana por ambos extremos, para ello recibía un flujo constante de reservas que impedían la maniobra de los españoles. Juan de Austria previendo la táctica reforzó los sectores más amenazados de su flota, distribuyó a las galeazas por delante de sus escuadrones y retiró los espolones de las galeras para potenciar el efecto de la artillería; y mantuvo su reserva para llegada la ocasión dirigirla a los lugares convenientes sin dilapidar esfuerzos.

    Poco más o menos las once de la mañana era la hora en que la aproximación de los enemigos resultó notoria, entrando inmediatamente en contacto las alas lindantes con la costa. Las galeazas rompieron la línea otomana y desbandaron sus naves que, no obstante, en su ala izquierda siguieron curso contra los venecianos, quienes repuestos del ataque con graves pérdidas y la ayuda de las activas galeazas, lograron pivotar atrapando en un cerco con borde en la costa a los atacantes que fueron aniquilados.

    Superado el mediodía dio comienzo la batalla por el centro de los dispositivos, precisamente donde se situaban las naves capitanas y los mejores combatientes de las dos flotas. El encuentro de las formaciones retumbó de cascos, pólvora y balas de cañón, provocando naufragios, incendios y humaredas, y pese a que la línea cristiana se sostuvo causando a la otomana cuantioso daño, el ímpetu de los remeros turcos condujo a un choque de abordaje demoledor y muy cruento.

 

La humareda provocada por las armas de fuego y los incendios añadida a la estrepitosa confusión de las naves costado a costado, proa con proa, mermaba la capacidad del mando pero incrementaba el valor de las embarcaciones menores, actuando a la vez como mensajeros y refuerzos, por traslado de tropa o por intervención directa en el ataque, el envolvimiento y al infiltración en el caótico bando enemigo.

    Pero la mayor intensidad de la lucha se mantuvo en el centro del despliegue, donde se enfrentaron las naos capitanas, un duelo de poderes, de caudillos; situación que trasladó de facto al comandante de la reserva, Álvaro de Bazán, el control de la flota cristiana.

 

El combate entre las galeras Real y Sultana presentó tintes épicos. La nave otomana se lanzó a por la cristiana con su enorme espolón, y luego al abordaje con la tela de garfios que engancharon a las dos.

    Los trozos de abordaje cristianos saltaron a la cubierta otomana que, no obstante la acometida, resistía bien al surtirse continuadamente de refuerzos venidos de una docena de embarcaciones. Por su parte, los arcabuceros españoles cobraban un elevado tributo de vidas entre los musulmanes, pero la escabechina no arredraba a la superior fuerza en número de éstos que confiaban en acabar por arrollar a aquéllos.

    Así la lucha, fue la mejor táctica cristiana, empleando el contingente de reserva para cortar la línea de suministro otomana y reforzar las dotaciones de la propia, y la determinación de Juan de Austria de lanzar un definitivo abordaje con todos los hombres disponibles.

    Alí Pachá evaluó con premura la dificultad para sus armas con premura, la suerte estaba echada. Puesto a morir matando, se unió al combate con su arco, apenas un intento, pues en seguida un disparo de arcabuz le segó la vida, y cuando un soldado cristiano de abordaje lo reconoció le cortó la cabeza y la insertó en una pica que despertó la aclamación victoriosa del bando cristiano y el desmoronamiento del musulmán.

    Poco restaba para caer el telón. Las tropas cristianas, enardecidas por el ejemplo valeroso de su comandante y la sustitución de la enseña blanca de los otomanos por la cruz de San Andrés, arrollaron la última oposición.

 

Antonio Brugada: Batalla de Lepanto, s. XIX.

Antonio Brugada: Batalla de Lepanto (s. XIX).

Imagen de http://artistasoguerreros.blogspot.com

 

La batalla por el Sur. Ajenos al devenir del grueso de la flota, el ala izquierda otomana maniobraba  para desbordar el escuadrón al mando del almirante genovés Andrea Doria, responsable del ala derecha cristiana. Los musulmanes provocaron una desestabilización de la línea y lograron embestir al grupo veneciano, que les había plantado cara rompiendo la formación que ordenara el comandante genovés. Mal lo pasaron los venecianos, y tan sólo la arriesgada intervención de las galeras genovesas pudo salvarlas de la derrota absoluta. Desistieron de su empeño los musulmanes y mientras se retiraban buscan un lugar seguro de reorganización, toparon con las tres naves maltesas que acabaron hundidas; sólo dos caballeros de la Orden de Malta sobrevivieron al choque. Entonces, y antes de que pudieran recomponerse los otomanos del ala izquierda apareció la reserva de Álvaro de Bazán, lo que obligó a los de Euldj Alí a desechar cualquier intentó de ofensiva y escapar hacia el Oeste dejando a su estela la aniquilación del ala izquierda otomana.

 

Juan Luna Novicio: Combate naval de Lepanto (1887).

Juan Luna Novicio: Combate naval de Lepanto (1887).

Imagen de www.senado.es

 

La batalla por el Norte. El ala izquierda cristiana estaba comandada por el veneciano Agostino Barbarigo, marino experto y de probado valor, que murió en el combate. También el combate entre el ala izquierda cristiana y el ala derecha musulmana, a las órdenes del aguerrido y temerario Sulik Pachá, Sirocco, fue terrible y sangrienta. Barbarigo cayo mortalmente herido por un flechazo, sustituyéndolo en el mando Federico Neni, su segundo el conde Silvio de Porcia y el proveedor Antonio Canale; aunque la decantación de la batalla a favor de la flota cristiana corresponde a la intervención del proveedor de Venecia Marco Quirini, seguido por las naves que formaban el flanco derecho del ala izquierda. Sulik Pachá, Sirocco, también fue gravemente herido, muriendo al poco decapitado, ya moribundo al ser rescatado por los cristianos. La victoria de éstos fue completa en esta ala al acudir como refuerzo la escuadra de Álvaro de Bazán, la de reserva y oportunidad; la mayor parte de las galeras otomanas fueron hundidas o apresadas, y hechos prisioneros los musulmanes supervivientes. Después de tres horas de enconada lucha, el escuadrón cristiano había logrado imponerse, completando así el cuadro victorioso para la flota de la Liga Santa.

 

El balance de la batalla de Lepanto para la flota otomana fue desastroso en todos los sentidos. Jefes carismáticos muertos, aproximadamente doscientas galeras hundidas o capturadas, cuatrocientos cañones perdidos para sus armas, treinta mil hombres muertos y diez mil heridos, quince mil esclavos cristianos liberados y tres mil musulmanes esclavizados como galeotes, y el fin de la expansión mediterránea por mar y por tierra.

    En el debe de la flota cristiana se contaron quince naves capturadas, aunque volvieron a recuperarse nueve; un resultado a todas luces favorable. Pero las bajas humanas cuantificaron ocho mil muertes, dos mil de ellas españolas, ochocientas papales, doscientas saboyanas y maltesas, y cinco mil venecianas, y veintiún mil heridos; una tercera parte de los combatientes en Lepanto.

 

La victoria en Lepanto, lugar de la batalla más sangrienta de la historia, una de las batallas decisivas de la humanidad, supuso la detención del avance otomano y la consecuente expansión musulmana en el Mediterráneo y por el Occidente europeo.

    Miguel de Cervantes, partícipe en la batalla a bordo de la galera Marquesa, en el ala izquierda del despliegue cristiano, herido en su mano izquierda hasta inutilizarla por un arcabuzazo, escribió sobre ella en estos términos: "La más memorable y alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros", militando él "debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria", teniendo su herida "por hermosa, por haberla cobrado" en la batalla.

    La eficacia y profesionalidad de los comandantes cristianos, superando de todo punto a sus oponentes musulmanes, unido al arrojo y temeridad en el combate de los soldados junto a sus mandos, constituyen un hito en la historia militar.

 

Tiziano: Conmemoración del triunfo en Lepanto. Felipe II ofreciendo al cielo al Infante Don Fernando.

Tiziano: Felipe II ofreciendo al cielo al Infante Don Fernando. Conmemoración del triunfo en Lepanto.

Imagen de http:abcblogs.abc.es

 

Tal era la relevancia del triunfo que, aún a bordo de una galera, Juan de Austria se dirige por carta a su hermanastro, el rey de España Felipe II, para darle a conocer la buena nueva cuanto antes:

Señor:

    Vuestra Majestad debe dar y mandar se den en todas partes infinitas gracias a Nuestro Señor, por la victoria tan grande y señalada que ha sido servido conceder a su armada; y porque V. M. la entienda toda como ha pasado, además de la relación que con esta va envío también a D. Lope de Figueroa para que como persona que sirvió y se halló en esta galera, signifique las particularidades que V. M. holgare entender.

    Quería ahora seguir esta fortuna que Dios nos ha dado en la buena de Vuestra Majestad, y ver si pudiere ganar a Lepanto, que es cierto aquel golfo importante, y cuando no emprender otra cosa de las que en el tiempo y estado en que me hallo diere lugar.

    De galera, sobre el Puerto de Petela en el golfo de Lepanto, a 10 de octubre de 1571. Hechura y más humilde servidor que sus Reales manos besa, D. Juan de Austria.

 

Santo Cristo de Lepanto.

Santo Cristo de Lepanto. Catedral de Barcelona.

Imagen de www.corazones.org

 

 

Artículos complementarios

    Juan de Austria

    Cartas a Juan de Austria de Felipe II y el duque de Alba

 

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