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Alfonso IX de León

 

En el año 1188, inmersos los reinos cristianos en la tarea reconquistadora de la península, el rey Alfonso IX de León convoca las Cortes en la Real Colegiata de San Isidoro de la ciudad capital del reino, institución social y política que es la primera asamblea representativa con la participación equivalente de los tres estamentos clásicos que se reunía en el Viejo Continente.

    Cuenta el historiador Ricardo de la Cierva que "la presión almohade en las fronteras hispánicas de la Cristiandad a finales del siglo XII era considerable", al punto de ocupar Extremadura que contaba como territorio del reino de León; aunque en contrapartida, "el año 1177, la alianza del rey de Aragón, Alfonso II, y el de Castilla, Alfonso VIII, lograron tomar la plaza de Cuenca para Castilla" y ponían en franquicia, para futuras operaciones, la toma del reino de Murcia.

    El historiador Luis Suárez Fernández indica que el periodo que discurre entre los años 1180 y 1212 (fecha de la batalla de Las Navas de Tolosa) es de importancia decisiva para la historia de España.

"Durante este tiempo los españoles se mueven en dos líneas argumentales paralelas que mutuamente se influyen: la defensa activa, tendente a la expansión, frente a los almohades, y la política sutil y compleja del Mediterráneo y sur de Francia, a la búsqueda de una proyección marítima y mercantil."

    El califa almohade Abu Yacub Yusuf llegó a la Península en mayo de 1184 dispuesto a frenar el avance cristiano. Por su parte, el flamante rey de León Alfonso IX, para consolidar su monarquía "toma en el año 1188 una decisión trascendental para la historia de Europa, la de convocar una reunión extraordinaria de la Curia Regia" (el órgano de gobierno heredado por el reino de Asturias y león de la tradición visigoda), citando también a los procuradores de las ciudades del reino y de aquellas poblaciones de mayor importancia.

"De este modo, y acaso sin tener clara conciencia del paso revolucionario que con ello daba, reunió las primeras Cortes de la Península, el primer parlamento europeo."

    La innovación promovida por Alfonso IX estableció que el reino se sustentaba en la existencia de tres estamentos: nobleza, clero y los procuradores de las ciudades y villas, con el rey, y no tan sólo el rey en relación con sus súbditos.

    Los demás reinos peninsulares copiaron el modelo a lo largo de los siglos XIII y XIV, como hizo Simon de Montfort en 1265 al convocar a los Comunes al Parlamento de Inglaterra, con desarrollo en 1295 durante el reinado de Eduardo I; y en la Francia medieval en 1302 al constituirse los primeros Estados Generales.

    En España pudieron ser las primeras Cortes las celebradas en Castilla hacia 1160, pero falta documentación fehaciente para afirmarlo con rotundidad. La cuestión es que el sistema parlamentario implantado en León aquel 1188 se extendió por toda la España cristiana en los siglos citados, manteniendo el nombre de Cortes. Tras León y Castilla, se adhiere al modo parlamentario leonés Portugal, Aragón, Navarra, Cataluña y Valencia.; y en todos los lugares se atribuye a las Cortes la defensa del derecho frente a la potestad real. Por ejemplo, en Aragón, transcribe Esparza, el juramento de sus Cortes reza:

"Nos, que valemos tanto como Vos, e que juntos valemos más que Vos, os facemos Rei si guardáis nuestros fueros y libertades. Y si non, non."

 

El orden social en la Edad Media, que era jerárquico y segmentado, se estructuraba en estamentos. La articulación de éstos proviene de la época socrática, donde la República se configuraba entre las clases rectoras (oratores), la milicia (bellatores) y los productores de la satisfacción de las necesidades primarias (laboratores): vivienda, alimento y vestido. Cada uno de los tres estamentos: clérigos, nobles y estado llano, desempeñaba su función social específica y por ende le era reconocida una condición jurídica predefinida.

    Expone el historiador José Javier Esparza que "fue clave la aportación intelectual de la Iglesia (católica)" en la integración de los antiguos estamentos. "Hacia los siglos XII y XIII son los teólogos quienes reactualizan la visión socrática de la comunidad política y la compaginan con el concepto latino (Derecho romano) de bien común", garantizado por, en palabras de santo Tomás de Aquino, "gobernantes elegidos por el pueblo de entre el pueblo". Lo que sucede en el reino de León por primera vez en Europa.

 

La validez democrática, en el sentido conceptual hoy en boga, de aquellas Cortes es homologable al presente. Los miembros de la cámara de representación (las Cortes) habían sido elegidos por cada estamento con un mandato imperativo, y la voz de unos sonaba y pesaba igual que la de los otros. El poder del rey medieval estaba sometido a fiscalización y era limitado. Son las Cortes las que legislan y aprueban las leyes, las que consignan impuestos y atienden las reclamaciones que denuncian las transgresiones del orden; además de la capacidad para requerir al rey, en condición sine qua non, el juramento de las libertades privadas de los súbditos para que se le acepte la soberanía.

    Este juramento, transcrito por José Javier Esparza:

"¿Jura Vuestra Alteza confirmar a las ciudades, villas y lugares de este Reino, las libertades, franquicias, exenciones, privilegios, cartas y mercedes, como también los usos, costumbres y ordenanzas, ya firmadas y juradas, y dar a todas las ciudades, villas y lugares su carta de confirmación?"

* * * * *

 

En 2013, la Unesco otorgó el título de Cuna del Parlamentarismo a la ciudad de León, capital del Reino homónimo.

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Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Secretaría de Estado de Cultura.

Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas.

Subdirección General de los Archivos Estatales.

 

Versión española de los Decreta de León de 1188. Versión española.

Versión de José M.ª FERNÁNDEZ CATÓN: La curia regia de León de 1188 y sus "Decreta" y constitución. León: Centro de Estudios e Investigación "San Isidoro" - Archivo Histórico Diocesano, 1993; pp. 93-117.

Realizada a partir del texto latino fijado del contraste de las versiones contenidas en las copias del siglo XVI de los códices de la Biblioteca Nacional de España, Mss. 12909, fols. 307v-310v; Mss. 772, fols. 305r-308r; y Biblioteca capitular de Sevilla, Sign. 56-2-20, fols. 189v-192r.

 

Fuente:

https://www.mecd.gob.es/dam/jcr:5e01f9da-8205-47ee-8053-2c3a68e198ef/decreta-leon-version-espanola.pdf

 

Decretos que don Alfonso, rey de León y de Galicia, estableció en la curia de León con el arzobispo de Compostela y con todos los obispos y magnates y también con los ciudadanos elegidos de su reino.

[I] En el nombre de Dios. Yo don Alfonso, rey de León y de Galicia, habiendo alebrado curia en León, con el arzobispo y los obispos y los magnates de mi reino y con los ciudadanos elegidos de cada una de las ciudades, establecí y confirmé bajo juramento que a todos los de mi reino, tanto clérigos como laicos, les respetaría las buenas costumbres que tienen establecidas por mis antecesores.

[II] Item. Dispuse y juré que si alguien me hiciera o presentara delación de alguno, sin tardanza daré a conocer el delator al delatado; y si no pudiere probar la delación que hizo en mi curia, sufra la pena que debiera sufrir el delatado, en caso de que la delación hubiere sido probada.

[III] Item. Juré también que, por la delación que se me haga de alguien o por mal

que se diga de él, nunca le causaré mal o daño en su persona o bienes, hasta citarlo por carta para que responda ante la justicia en mi curia en la forma que mi curia mande; y si no se probare, el que hizo la delación sufra la pena sobredicha y pague, además, los gastos que hizo el delatado en ir y volver.

[IV] Item. Prometí también que no haré guerra ni paz ni pacto a no ser con el

consejo de los obispos, nobles y hombres buenos, por cuyo consejo debo regirme.

[V] Item. Establecí también que ni yo ni otro de mi reino destruya la casa o invada a tale las viñas y los árboles de otro, más el que recibe agravio de alguien, que me presente a mí la queja o al señor de la tierra o a los justicias nombrados por mí o por el obispo o por el señor de la tierra; y si el que es objeto de queja quisiera presentar fiador o dar prendas en garantía de que estará a derecho conforme a su fuero, no sufra daño alguno; y si no quisiere hacerlo, el señor de la tierra y los justicias le obliguen, como es justo; y si el señor de la tierra o los justicias no quisieren hacerlo, presénteme denuncia con el testimonio del obispo y de los hombres buenos, y yo le haré justicia.

[VI] Item. Prohíbo también firmemente que ninguno lleve a cabo asonadas en mi reino, sino que demande justicia ante mí, según se ha dicho más arriba. Y si alguien hiciere asonada [pague] un daño doble del que me haya causado a mí; y pierda mi benevolencia, beneficio y tierra si de mi parte poseyera alguna.

[VII] Item. Establecí también que ninguno se atreva a ocupar violentamente cosa alguna ya sea mueble o inmueble que estuviere en posesión de otro. Y si esto hiciere, restituya el doble al que sufrió violencia.

[VIII] Item. Establecí también que ninguno prende a no ser por medio de los justicias o los alcaldes puestos por mi; y ellos y los señores de la tierra hagan cumplir fielmente el derecho en las ciudades y en los alfoces a los que lo buscan. Y si alguien prendare de otra forma sea castigado como violento invasor. Del mismo modo [sea castigado] quien prendase bueyes o vacas destinadas a la labranza, o lo que el aldeano tuviese consigo en el campo, o a la persona del aldeano. Y si alguien prendase o se apoderase de las cosas, como queda dicho, sea castigado y además excomulgado. Y quien negare haber actuado con violencia para evitar dicha pena, presente fiador de acuerdo con el fuero y las antiguas costumbres de su tierra, y en seguida indáguese si cometió violencia o no, y según los resultados de la investigación quede obligado a satisfacer con la fianza dada. Los pesquisidores, sin embargo, lo sean o por consentimiento del acusador y de su acusado, o si éstos no llegasen a un acuerdo sean de aquellos que nombrasteis al frente de las tierras. Si pusieran para hacer justicias por consentimiento de los hombres precitados a los justicias y a los alcaldes o a los que tienen mi tierra, los tales deben tener sellos, por medio de los cuales citen a los hombres para que acudan a responder a las demandas de sus querellantes, y por medio de ellos me den testimonio sobre qué quejas de los hombres son verdaderas o no.

[IX] Item. Decreté también que si alguno de los justicias denegase justicia al querellante o la demorase maliciosamente y no le reconociera su derecho dentro del tercer día, presente aquél testigos ante alguno de los justicias antedichos por cuyo testimonio conste la verdad del hecho y se obligue al justicia a pagar al querellante el doble tanto de su demanda cuanto de las costas. Y si todos los justicias de aquella tierra negaren la justicia al demandante, tome éste testigos entre hombres buenos por los cuales se demuestre y den prendas sin responsabilidad en lugar de los justicias y los alcaldes, tanto por la demanda cuanto por las costas, para que los justicias y los alcaldes, tanto por la demanda cuanto por las costas, para que los justicias le satisfagan el doble y además el daño, que sobreviniera a aquel a quien prendare, los justicias se lo paguen doblado.

[X] Item. Añadí también que ninguno impugne a los justicias ni les arrebate las prendas cuando no quisiere cumplir con la justicia; y si lo hiciere, restituya el doble del daño, de la demanda y de las costas y además pague a los justicias 60 sueldos. Y si alguno de los justicias requiriera a algunos de sus subordinados para hacer justicia y éstos se negasen a ayudarle, queden obligados a la pena sobredicha y además paguen al señor de la tierra y a los justicias 100 maravedís; y si el reo o deudor no pudiera disponer de medios para pagar al demandante, los justicias y los alcaldes sin responsabilidad se incauten de su persona y de cuantos bienes tuviera, y lo entreguen con todos sus bienes al demandante, y si les fuere necesario, custódienlo bajo su protección, y si alguno lo arrebatase por la fuerza, sea castigado como invasor violento. Y si alguno de los justicias sufriera algún daño por ejercer la justicia, todos los hombres de aquella tierra le reintegren por todo el daño, en caso de que quien le hizo el daño no tuviere con qué pagarle; y en caso que suceda, de que alguno por añadidura lo matase, sea tenido por traidor y alevoso.

[XI] Item. Dispuse también que si alguno fuere citado por el sello de los justicias

y se negare a presentarse al plácito delante de los justicias, probado que fuera esto por hombres buenos, pague a los justicias 60 sueldos. Y si alguno fuera acusado de robo o de otro hecho ilícito y el acusador le citase ante hombres buenos a fin de que se presente a responder ante la justicia, y éste se negase a venir en un plazo de nueve días, si se probase que ha sido citado, sea considerado malhechor; y si fuera noble pierda el rango de los 500 sueldos y el que lo prendiere haga justicia de él sin responsabilidad alguna; y en caso de que el noble en algún momento se enmendase y satisficiera a todos los demandados, recupere su nobleza y vuelva a poseer el rango de los 500 sueldos, como antes tenía.

[XII] Item. Juré también que ni yo ni otro cualquiera entre por la fuerza en casa

de otro o le haga algún daño en ella o en sus bienes; y si lo hiciese, pague al dueño de la casa el doble de su valor y además al señor de la tierra nueve veces el daño causado, si no prometiera satisfacer, según está escrito. Y si acaso matase al dueño o la dueña o alguno de los que les ayudaren a defender su casa matase a alguien de aquéllos, no sea castigado como homicida y del daño que le causase nunca quede obligado a responder.

[XIII] Item. Y establecí que si alguno quisiere hacer justicia a alguna persona que tuviera agravio de él, y el agraviado no quisiera recibir de él justicia, según lo dicho anteriormente, no le haga ningún daño; y si lo hiciera, pague el doble, y si además acaso le matare, sea declarado alevoso.

[XIV] Item. Establecí también que si alguien por casualidad vagase de una ciudad a otra o de una villa a otra o de una tierra a otra y alguno con sello viniere de justicias a justicias de aquella tierra para que lo detengan y hagan de él justicia,

inmediatamente y sin dilación no duden en detenerlo y hacer justicia. Y si no lo hicieren los justicias, sufran la pena que debiera sufrir el malhechor.

[XV] Item. Prohibo además que ningún hombre que posea bienes por los que me

paga foro los entregue a ningún establecimiento eclesiástico.

[XVI] Item. Ordené también que nadie acuda a juicio a mi curia ni al juicio de León a no ser por aquellas causas por las que debe irse según sus propios fueros.

[XVII] Item. También prometieron todos los obispos, y todos los caballeros y los

ciudadanos confirmaron con juramento, ser fieles en mi consejo, a fin de mantener la justicia y conservar la paz en mi reino.  

 

 

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