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Reinados de Carlos III y IV: Los fabulistas Samaniego e Iriarte

 

Tomás de Iriarte

El tinerfeño Tomás de Iriarte, nacido en 1750, ha pasado a la historia literaria universal como un insigne fabulista, de la categoría de Samaniego; aunque es igualmente destacable su faceta de autor teatral y poeta, y no menos la de violinista.

    Fue su tío Juan de Iriarte, a modo de preceptor, quien en Madrid le transmitió una excelente cultura clásica y moderna. En la capital frecuentó la tertulia de la fonda de San Sebastián, creada por Nicolás Fernández de Moratín, donde conoció y entabló amistad con José Cadalso y el citado Moratín el viejo.

    Ducho lingüista, desde joven se dedicó a traducir del francés, lo que le valió para que en 1771 recibiera el nombramiento de traductor de la Secretaría de Estado; y posteriormente archivero del Consejo de Guerra.

    Alcanzó la fama literaria precozmente con la sátira Los literatos en cuaresma, en 1773, género en el que se desenvolvía a gusto, y que recuerda la habilidad del padre Isla; y a la traducción en verso del Arte poético de Horacio, en 1777. Y en la inercia de la época que le tocó vivir, devino un gran polemista.

    En cuanto a su faceta poética, su estilo es neoclásico y el carácter de sus poemas didáctico; su más exitosa poesía fue La música, escrita en 1779.

    Y en el aspecto dramático, cabe reseñar el drama en prosa La librería, quizá de 1790, y las piezas teatrales Hormesinda, de 1770, y Guzmán el Bueno, fechada en 1787

    Pero son sus Fábulas literarias, de 1782, lo que encumbra y prestigia a Iriarte, colección de poemas satíricos y moralizantes. Otros poemas de marcada sátira son El egoísmo. Fantasía poética y El apretón. También moralizantes son las tres comedias morales en verso que escribió: El señorito mimado o la mala educación, en 1790, La señorita malcriada, en 1788, y El don de gentes o la habanera, en 1790.

    En sus fábulas, Iriarte se muestra favorable a los autores modernos, resalta la utilidad de vincular el deleite con la utilidad, señala la conveniencia de apreciar la literatura española frente a la extranjera con la defensa del idioma propio invadido por galicismos y la obligación de redactar con método y reglas al margen de la improvisación.

    Fallecido en 1791, en la Biblioteca Nacional de Madrid se conserva un buen número de obras suyas inéditas.

 

Tomás de Iriarte y Félix María de Samaniego

Imagen de http://es.slideshare.net

 

Félix María de Samaniego

En 1745 nació en Laguardia, provincia de Álava, Félix María de Samaniego, poeta, que ha pasado a la historia literaria universal como un insigne fabulista, de la categoría de Iriarte.

    Educado por los jesuitas, estudió leyes en la universidad de Valladolid, no demostrando interés por licenciarse. Sin embargo, alcanzó la dirección del seminario de nobles de Vergara, llegó a ser alcalde de Tolosa y se coinvirtió en diputado vascongado en Madrid.

    Se le conoce principalmente por sus Fábulas en verso castellano, escritas al estilo de las de Esopo o Fedro entre 1781 y 1784. En ellas asoma un cierto estoicismo laico que envuelve de comprensiva ironía los vicios habituales como la vanidad, el atolondramiento, la imprevisión o la prisa; y la parábola política sobre la necesidad del esfuerzo colectivo, el elogio de la razón en su pugna sobre lo libresco.

    Hombre de humor acentuado, escéptico y epicúreo en su manera de entender la vida, compuso El jardín de Venus, así titulado por Joaquín López Barbadillo, un conjunto de poemas eróticos que vieron imprenta a finales del siglo XIX, enmarcados por su confianza racionalista en lo natural y el desdén por la hipocresía.

    Falleció en 1801.

 

Los fabulistas Samaniego e Iriarte.

Imagen de www.todocoleccion.net

 

 

Artículo complementario

    El llamado Arte Nacional

 

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